Días atrás dejó de funcionar la tecla Alt de mi computadora. Por supuesto, la primera medida fue pedirle ayuda a quien sabe, o sea, a mi hija. Los problemas tecnológicos han traído una saludable democratización en el vínculo padres-hijos: en esta materia son ellos quienes nos tienen que tener mucha paciencia. Pero volviendo al problema, no hubo cómo solucionarlo. ¿Mandar la computadora al servicio de asistencia técnica? Cinco días solamente para hacer el presupuesto, no se sabe cuántos para arreglarla y quién sabe cómo quedará. Solución: comprar otra. Nuevo problema: usar la computadora vieja sin poder accionar la tecla Alt hasta que llegase la nueva. ¿Daños colaterales? No poder escribir temperaturas; bueno, con el frío que anda haciendo, quizás sea una ventaja. No colocar números ordinales; en fin, tal vez sería algo positivo evitar clasificar a las personas o las cosas en primera, segunda, tercera… ¡Epa! No poder poner el signo de interrogación: esto sí sería más complicado. Claro, en cada pregunta que quisiera hacer, existiría la posibilidad de pulsar en la celda de insertar símbolos, al abrir la ventana buscar el signo, hacer clic, cerrar la ventana, volver al texto…

Por una cuestión de practicidad, pasé a evitar formular preguntas en todos los mails que redacté. Curiosamente, la tarea resultó mucho más fácil en español que en portugués. El uso habitual del imperativo me hizo posible cumplir esta función sin trastornos: “Cuéntame cómo andas”. “Mándame el archivo”. “Explícame por qué es urgente”. “Llámame si tienes alguna duda”. “Confírmame que recibiste este mail”. Sin embargo, en portugués la cosa fue mucho más complicada: si utilizara esta forma verbal, sonaría ruda y poco gentil. Debo confesar que fue un verdadero ejercicio de imaginación escribir prescindiendo del signo: ¿Cómo comunicarse sin saber cómo está el otro? ¿Cómo pedirle algo sin consultarle si puede hacerlo? Y el problema iba creciendo: ¿Cómo estar en el mundo sin ejercer la curiosidad? ¿Cómo vivir sin preguntar por qué?

Por suerte, el pedido por internet con entrega urgente me salvó: en dos días la computadora nueva estaba en casa.