Hay algunas palabras que escuchamos y que, muchas veces, suponemos que su sentido y su uso son evidentes. Entre esas, quisiera tratar de una que a menudo figura en los ambientes de enseñanza y aprendizaje de lenguas y me refiero a la autonomía. Pero, ¿qué es la autonomía?

Podemos decir que por autonomía se entiende la capacidad que el estudiante desarrolla para organizar su propio proceso de aprendizaje. De ese modo, no se trata de algo inconsciente y/o espontáneo, pues implica una acción consciente del sujeto teniendo en cuenta el alcance de determinados propósitos. Así, la autonomía es intencional, explícita, consciente y analítica. La autonomía requiere, por parte del aprendiente, responsabilidad y toma de actitud, de suerte que decida personalmente sobre su aprendizaje. Presupone, de modo análogo, que haya una negociación entre docente y aprendiente  en lo que se refiere a unas cuantas pautas como, por ejemplo, la definición e identificación de sus necesidades de aprendizaje y, en consecuencia de eso, la fijación de objetivos; la planificación de las clases y actividades; la selección de contenidos y su secuenciación; la selección y determinación de materiales y recursos didácticos; el empleo de técnicas y estrategias diversas y diversificadas, en especial, las de carácter metacognitivo y de aprendizaje y la capacidad de reflexionar acerca de su progreso y de sus dificultades  y la capacidad de autoevaluarse. Desde esa perspectiva, el aprendiente es un agente del proceso y gana destaque cómo el sujeto gestionará su aprendizaje.

La autonomía, a su vez, no solo se relaciona con actitudes del aprendiente, sino también con sus estilos de aprendizaje (o el modo particular en que cada uno lleva a cabo los procesos de adquisición y aprendizaje) y con las estrategias empleadas. Asimismo fomenta las características del buen aprendiente, entre las cuales destacamos, por ejemplo, la de monitorear sus errores; responder de modo afirmativo  al aprendizaje y desarrollar sentimientos positivos frente a los negativos; complementar su aprendizaje, sea por contacto con otros hablantes, sea por el empleo de técnicas de estudio; adaptarse a distintas condiciones de aprendizaje y mostrarse dispuesto a probar, experimentar, correr riesgos y asumir responsabilidades.

Bueno, en síntesis, hay que tener en cuenta que una pedagogía de la autonomía presupone reconsiderar qué entendemos por enseñanza, método y roles del aprendiente y del docente.