Cierta vez, en España, estaba yo hospedada en casa de unos familiares de mi gran amiga Gretel Eres Fernández. Describo la escena para que entiendan el contexto. Acababa de bañarme y me habían prestado un albornoz. Yo sentada, con ese traje. Ángel, el anfitrión, me servía un delicioso coñac, y a mí me pareció que debía agradecer.

—¡Ustedes son muy amables!

—¿Por qué nos dices “ustedes” si somos tus amigos? –preguntó Mariví, la anfitriona ofendida.

Es que en España, en una situación informal, lo adecuado sería decir “vosotros sois muy amables”. El pronombre “usted(es)” es algo como una frialdad, un modo de mantener distancia.

Tras muchas explicaciones sobre las diferencias de tratamiento en América, que “ustedes” es solo el plural de “tú”, etc., etc., llegó una tía de 80 años y le dicen:

—¡Hola Felipa, siéntate aquí!”

¿Siéntate? Esa no es forma de hablar con una señora mayor, pensé yo. Pero ella no se ofendió ni mucho menos. En casi toda América le diríamos “siéntese” por respeto a su edad.

Salvo… en Argentina:

—Vení, abuela, que esos pelotudos te quieren saludar…

En Argentina esa es una frase cariñosa del nieto con su abuela.

En Argentina están los boludos y los pelotudos. No sé muy bien la diferencia. Creo que los boludos son los amigos lerdos y los pelotudos son los amigos torpes. O a la inversa. Y nadie se ofende.

Y la historia no termina ahí.

Entró una extranjera en una tienda de ropa en Buenos Aires.

—¿Querés vestido o pollera? –le pregunta la dependienta.

La extranjera quedó horrorizada, porque los libros dicen que lo correcto sería preguntar a una cliente:

—¿Qué desea, señora? ¿Puedo ayudarla?

Y con eso volvemos a España.

El mesero:

—¿Le pongo una caña?

—No, gracias, prefiero una cerveza…. (*)

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(*) Le pongo = le sirvo. Caña = un vaso en que se sirve cerveza de barril (chopp).