En mi post de este mes, me gustaría tratar de lo que conocemos por aprendizaje activo y que, en líneas generales, presupone un cambio en cuanto a cómo actuamos para aprender. De acuerdo con esa perspectiva, los aprendices no se limitan a escuchar y tomar notas, una vez que son agentes de su aprendizaje. Para que se conviertan en agentes es fundamental que haya motivación, implicación, atención y trabajo, de forma constante, por parte de los estudiantes. Un aprendiz activo es aquel que busca aprender a aprender, es decir, que asume la responsabilidad de su aprendizaje. Así, un aprendiz activo define objetivos, planifica acciones que facilitan la superación de sus dificultades, selecciona y emplea estrategias que promuevan su aprendizaje. En síntesis, no solo analiza cómo aprende sino también toma consciencia de su actuación en ese proceso. Por lo tanto, un aprendiz activo establece su ruta de aprendizaje y es autónomo.

Además de los aspectos mencionados, un aprendiz activo desarrolla una actitud positiva frente al aprendizaje, de suerte que valora sus experiencias y conocimientos previos y se vale de esos para adquirir nuevas habilidades y competencias.

Cabe notar que en el aprendizaje activo se traslada el foco del profesor hacia el aprendiz, sin embargo este último tiene un papel sumamente importante, a saber, el de guiar a los alumnos en el proceso, al seleccionar actividades o tareas que puedan potenciar los distintos aprendizajes y en las cuales se involucrarán los aprendices. Por lo tanto, busca fomentar  el trabajo y la implicación de los alumnos, propone tareas o actividades que sean motivadoras y que capten la atención de ellos. Pero, antes que nada aclarifa en qué consisten los objetivos de dichas actividades o tareas y  proporciona a los alumnos el soporte necesario para que estos, mediante su trabajo personal, logren las metas previstas.