No cabe duda de que, cada vez más, WhatsApp está avanzando como medio de comunicación no solo personal, sino en el mundo del trabajo.

Antiguamente, nos pasábamos el mail como forma de ponernos a disposición para un eventual contacto con una persona con la que íbamos a empezar a trabajar. Hoy en día, nos pasamos nuestro número en WhatsApp. El correo electrónico se usa para formalizar comunicaciones más extensas, pero para entrar rápidamente en contacto con alguien, no nos sirve más. La gente no controla más sus mails a cada rato como lo hacía antes. Controlamos los mensajes instantáneos en el teléfono móvil y si, por algún motivo, bajamos en este los mails, los dejamos para más tarde y los contestamos generalmente al final del día de trabajo o al inicio del siguiente.

Entonces, no tener WhatsApp hoy día –con todo respeto por quienes, por el motivo que sea, prefieren permanecer afuera, lo que siempre es una opción– significa no estar disponible con la rapidez que el mundo en que vivimos nos requiere.

¿Qué ventajas nos trae esto a los profesores de idiomas? Son varias y nos benefician tanto a nosotros como a nuestros alumnos. Para los profesores, primero y principal, podemos mencionar la facilidad con que los alumnos pueden pasar nuestro contacto a otras personas que precisan de nuestros servicios. Estar disponible en WhatsApp hace que el contacto de este posible nuevo alumno se materialice en forma fácil y rápida. En segundo lugar, nos permite cambiar y confirmar los horarios de nuestras clases al momento, lo que nos trae beneficios al disminuir nuestro tiempo ocioso o inútil (como, por ejemplo, sería el caso de ir a la empresa y saber que el alumno se va a atrasar porque está en una reunión, o no va a poder tener clase, o incluso el de saber que vamos a tener, por ejemplo, media hora libre que nos permite programar otra cosa, aunque más no sea, tomar un café entre clases).

Pero para los alumnos es fundamental tenernos como contacto. Las dudas les surgen en cualquier momento. Ya me ha pasado de preparar a una alumna para una presentación en el extranjero y cuando está a punto de hacerla se da cuenta de que va a tener que abordar algún aspecto que no preparamos juntas. Así, pocos minutos antes de hacerla, me consulta los términos clave o expresiones que deberá usar. Para los alumnos, esto es una seguridad lingüística pero, sobre todo, psicológica. La tranquilidad que les da habernos consultado frente a cambios de último momento, que siempre nos traen –a todos– una cierta inquietud, les permite encarar su presentación sin sobresaltos. Es impresionante la seguridad que les puede traer la simple consulta de una palabra o de una expresión; trasciende el mero significado de un término para ser decisiva en su desempeño como un todo.

Entonces, creo que, en un mundo en el que estamos permanentemente comunicados, el estarlo con nuestros alumnos en el momento en que lo precisan como, por ejemplo, podría darse también en una reunión en la que desconocen un término técnico, jurídico o inclusive de vocabulario general, nos aporta un elemento diferencial del que no debemos prescindir. Es posible, sobre todo tratándose de una cuestión técnica, que nosotros mismos, profesores, tengamos alguna duda sobre la expresión consultada, pero una rápida búsqueda en internet desde el móvil nos llevará a la respuesta en pocos segundos que el alumno no podría nunca dedicarle en ese momento. Y nuestra respuesta rápida le será de un valor inestimable.

Las dudas hoy en día no pueden esperar al día y la hora de la clase. Y a quien piensa que esto nos demandará mucho tiempo como profesores, puedo afirmarle por experiencia que no es así. Los alumnos tienen sentido común con nosotros y consigo mismos: si no se trata de algo vital, no pierden tiempo consultándonos, pero si es algo que realmente les puede hacer diferencia en su desempeño en el otro idioma en el exacto momento en que lo necesitan, nos convertirá en una de sus bases de apoyo, no solo profesional, sino también de confianza. Y a quien piensa que eso nos exigirá estar todo el tiempo prestándole atención a la pantalla del móvil, le pregunto: ¿no es lo que ya hacemos todo el tiempo?