Querida Valentina: a ver cómo te lo cuento para que no te asustes… Me tendrás que perdonar porque no sé ni por dónde empezar. Ni tan si quiera sé explicarte todo lo que siento o todo lo que estoy viendo y leyendo estos días. Has llegado a un mundo distinto, nuevo, que ahora se va haciendo cada día. Hace tan solo cuatro meses era apenas una amenaza lejana y hoy ya es el horror que nos acecha.

Pero mira, pequeña Valentina, empezaré por el principio de nuestros tiempos. Conocimos a tus padres, a pesar de que vivíamos a 15 minutos de distancia, allá por tierras mexicanas en el interior de un pequeño autobús desconchado camino de alguna excursión. Aquello fue en el año 2010 y entonces, allí, creo recordar sin temor a equivocarme que ya tus padres nos hablaron de ti… ¡Y tú sin saberlo! Eres muy querida, peleada y deseada quizá a partes iguales. Y muchas cosas más que ya te irán diciendo tus padres.

Pero ahora, querida Valentina, en 2020, quién nos lo iba a decir hace tan solo unos meses, algo diminuto, mucho más que tú, ha impedido que te conozcamos mirándote directamente a los ojos, como hay que conocer a la gente especial (y tú lo eres; todavía no lo sabes, pero lo eres). Te hemos tenido que conocer a través de una videollamada y ya nos has emocionado. Y ahora que no nos oyen tus padres, te voy a contar un secreto: tanto te has adelantado que aún no tienes la habitación del todo preparada. Pero te digo una cosa, créeme, eso no importa.

Espera, Valentina, ahora vuelvo, que son las ocho de la tarde.

Te decía, querida Valentina, que has llegado al mundo en un momento en que ni el más poderoso bicho que habita hoy la tierra osa hacerte sombra. Afortunadamente, eres tan pequeña que te mantendrás ajena al conavirus, como dice tu amigo Alvarito.

He de terminar ya de escribirte esta carta y todavía no sé qué contarte; porque para qué te voy a hablar de cifras funestas, para qué decirte que en España somos muy de chistes pero que maldita la gracia que nos hace lo que está pasando durante estos días; para qué decirte, por ejemplo, que las risas, las chanzas y la alegría ahora se ahogan incluso antes de ser exhaladas.

Querida Valentina, ya verás la suerte que has tenido de llegar a esa casa, tu casa. Comprobarás, cuando veas lo especiales que son tus padres, por qué mi aplauso de hoy, a las 8 de la tarde, ha sido para ellos por darte la vida; por pelear, por luchar y por no bajar los brazos cuando los sueños no emergían; por sortear, en definitiva, todas las piedras del sinuoso camino que les llevaría hasta lo que tienen ahora en brazos; hasta ti, nuestra querida Valentina.

*Versão em aúdio disponível*

Música: Christian, con la canción Valentina (guitarra y armónica)
Voz: David Díaz