Entrar en el mundo de los nietos nos hace revivir algunas de las cosas que pasamos hace muchos años con nuestros hijos, pero también nos pone frente a un mundo del que habíamos quedado totalmente ajenos por muchísimo tiempo.

¿Qué les gusta a los chicos de hoy? ¿Siguen usándose los mismos juegos y entretenimientos o todo aquello a lo que sabíamos jugar está obsoleto?

En primer lugar, mi impresión es que los niños siempre siguen siendo niños y, a pesar del avance de la tecnología, la mente infantil responde a los mismos estímulos de antes, a los que se agregan, en una desigual competencia, los nuevos juegos y entretenimientos tecnológicos que tienen a disposición. Vale decir que los muñecos, los juguetes de ensartar y los de apilar, las pelotas, los libros, las coreografías y, como siempre, un pedazo de plástico cualquiera o la tapa de algún envase continúan vigentes y rindiendo momentos de atención y distracción que debemos aprovechar más que nunca para que los bebés y niños pequeños (mi experiencia de reduce a poco más de un año) desarrollen destrezas y habilidades fuera de la tecnología. Pero no se puede permanecer ajeno a ese mundo porque es el mundo al que pertenecen estos chicos. Creo, entonces, que se trata de no circunscribir sus juegos y experiencias a los celulares y tabletas, que les dan todo el juego listo: no hace falta pensar ni imaginarse nada, solamente ver, oír y absorber (de la misma manera que hasta no hace mucho tiempo lo hacía la televisión). Claro que el estímulo visual es importante y a él se suma el espontáneo descubrimiento que hacen con un año de vida sobre las infinitas posibilidades que el simple toque del dedo índice permite: detener la imagen, cambiar de página, mover los íconos, hacer desfilar los menúes, escuchar otra música, ver otro dibujo.

Y dentro de esa, en apariencia, infinita variedad de cosas con las que se deparan, observo con una cierta sorpresa que la gran mayoría de canciones infantiles y dibujitos que conocíamos apenas en nuestra lengua están presentes globalmente en internet en todos los idiomas (¡encontré hasta en ruso!), con la misma imagen e idéntica música, pero traducida. ¿Y cuál es la reacción de los chicos?

Cuando Sofía escuchó la versión en portugués de “Potí potí, pata de palo, ojo de vidrio y nariz de papagayo” automáticamente me miró y sus ojos muy abiertos por la sorpresa parecían decirme: “Esta canción tiene algo equivocado”. Quizás, en ese momento, lo que para ella eran dos formas de decir la misma cosa se transformó en dos cosas diferentes.