Concluíamos la publicación anterior afirmando que el poder de los textos periodísticos para influir en el comportamiento de un gran número de personas lleva a que autores malintencionados imiten el estilo del periodismo para manipular la opinión pública a través de las redes sociales.

Un conocimiento sólido de los géneros periodísticos, y en particular del artículo informativo o noticia, nos permitirá reconocer las malas imitaciones y ayudar a precavernos de las llamadas fake news.

La clase de español puede contribuir a un trabajo interdisciplinar que se enfrente al desafío de las fake news desarrollando la literacidad crítica de los estudiantes. En ese sentido, hoy quería compartir una actividad con textos periodísticos que tuvo resultados bastante satisfactorios en niveles avanzados (del B1+ en adelante):

En primer lugar, sin explicaciones previas, el profesor proyecta o reparte una noticia falsa (no demasiado disparatada ni demasiado alejada de la realidad del estudiante) extraída de alguna página web humorística como El Mundo Today y pide a algunos alumnos que lean el texto en voz alta. A continuación, invita al grupo a comentar libremente el contenido de la noticia hasta que alguien comparta su sospecha de que se trata de una noticia falsa.

El siguiente paso, una vez confirmada por el profesor la falsedad de la noticia, será que los estudiantes identifiquen las características del texto que imitan al artículo periodístico real: un titular, una entradilla, citas, estilo indirecto o la presencia de una fotografía como importante documento gráfico que visa reforzar la veracidad de lo que dice el texto. El profesor puede aprovechar para profundizar en otras características no tan evidentes del artículo informativo, como puede ser su estructura clásica: en el primer párrafo se concentran las informaciones fundamentales (el qué, quién, cuándo y dónde) y en los párrafos posteriores se amplía esta información con más detalles, no existiendo un párrafo de cierre o conclusión, ya que estamos ante un texto expositivo, que no pretende defender una tesis sino limitarse a consignar unos hechos.

Conviene también que el profesor y los estudiantes conversen sobre el estilo característico de los artículos informativos: lenguaje formal, que evita tanto los giros coloquiales y las “palabras baúl” como las figuras literarias y el léxico rebuscado, persiguiendo ante todo la claridad tanto en la sintaxis como en el vocabulario. En el español periodístico, por otra parte, son frecuentes los pares o grupos de palabras que el uso ha consagrado y que se emplean como muletillas de intenso espesor ideológico (“Efectos colaterales”, “heridos leves”, “primera dama”, “desastre natural”, “daños materiales”, “cambio climático”, “interrupción del embarazo”, “joven promesa”, “restos mortales”, etc., etc.) Son las expresiones que Sánchez Ferlosio, en la línea de autores como Kristeva, denomina “ideologuemas”, las unidades mínimas de la expresión ideológica. Una última característica del español periodístico que podríamos destacar es un empleo de la voz pasiva más frecuente que en otros ámbitos (“Han sido localizados los restos mortales de…”).

En definitiva, aunque puede haber noticias falsas muy difíciles de detectar, otras dispararán nuestras alarmas por anomalías de forma o de fondo: reconoceremos un artículo mentiroso bien porque no cumple las expectativas formales de ese género discursivo, o bien porque su contenido contraría nuestro conocimiento del mundo.

Si hay tiempo y disposición, la actividad puede completarse con una segunda parte: se divide la clase en pequeños grupos y se pide que cada uno escriba el primer párrafo de una noticia verdadera (traducida del portugués) y el primer párrafo de una noticia falsa. Por último, cada grupo lee sus dos noticias y el resto de la clase intenta adivinar cuál es la noticia verdadera y cuál es la falsa.

Es muy probable que, si los estudiantes son medianamente hábiles, la conclusión (muy poco optimista) de esta segunda parte sea la considerable dificultad que existe para diferenciar lo verdadero de lo falso, y lo relativamente sencillo que es confeccionar mentiras exitosas.

En cualquier caso, la mejor arma que tenemos contra las falsedades es el detenimiento, la lectura en profundidad, rebelarnos contra el consumo rápido de información y desconfiar de las estampidas de opinión que amenazan con arrastrarnos en las redes.