Como contaba en el post anterior, incorporé el verde de Brasil, de su naturaleza pródiga, a mi patrimonio permanente. Sin embargo, como dice el dicho, no todo son rosas, sobre todo para los adultos.

Al venirme a vivir aquí, mi mayor preocupación era la adaptación de mis hijos, que contaban, en ese entonces, con 8 y 11 años de edad: que aprendieran portugués, que les fuera razonablemente bien en el colegio a pesar de la dificultad idiomática inicial y, sobre todo, que se hicieran de amigos lo antes posible. Mi mayor tranquilidad radicaba en darles todo mi apoyo en ese proceso de adaptación idiomática y cultural. En poco tiempo me di cuenta de que las cosas resultaron exactamente al revés: eran ellos los que me acompañaban a mí, los que hacían de intérpretes cuando no me entendía en algún lugar y los que, poco a poco, me fueron ayudando a introducirme dentro del ámbito del nuevo medio en que nos movíamos. Me parece que los chicos, a pesar de la diferencia de idioma, hablan un lenguaje universal que les permite comunicarse y rápidamente compenetrarse en el mundo de los otros porque la vida no espera: hay que aprovechar la infancia para jugar. Moraleja: tres meses después yo no entendía nada cuando hablaban con sus amigos, los dos se peleaban entre sí en portugués y mi hija bailaba lambada(de moda en aquella época) como una brasilera genuina.

Todo eso me hizo concluir que la adaptación a un nuevo país es inversamente proporcional a la edad: cuanto menor es la edad, más rápida es la inserción en la nueva realidad; cuanto mayor es la edad, más nos cuesta.

Así, en varias ocasiones, mis chicos pasaron vergüenza conmigo por mi desconocimiento de los códigos que ellos parecían dominar desde siempre. Por ejemplo, cuando salíamos de compras, cualquiera que fuera la cantidad de cosas que compraba, los vendedores terminaban la venta diciéndome Só isso?*, pregunta que me desorientaba. ¿Cómo Só isso?si estaba llevando un montón de cosas? Es que acostumbrada a que en mi país preguntan “¿Algo más?”, aquí siempre salía de las tiendas con la sensación de que, para el vendedor, había comprado muy poco…

 

*Para los lectores que no hablan portugués, literalmente podríamos traducir la frase como “¿solo eso?”.