Comienza un nuevo semestre académico y cada vez que hago la planificación de las nuevas clases, especialmente cuando se trata de la asignatura Língua Espanhola I (FALE / UFMG), me pregunto qué abordar en las primeras clases. No me gusta comenzar con el “contenido” de la programación, prefiero hacer actividades que introduzcan a los estudiantes en el mundo del español. Me gusta empezar haciendo lo que llamo de acercamiento al mundo hispano. Eso ciertamente no es nuevo porque muchos profesores deben hacer algo similar cuando comienzan las clases con grupos iniciantes. Incluso los libros de texto a menudo tienen una unidad introductoria en la que muestran la diversidad del mundo hispano, aunque no raramente el panorama sea un mapamundi que destaca los países hispanohablantes, algunos lugares de interés y algunos aspectos culturales.

Una cuestión que considero esencial cuando se estudia una lengua adicional es situarse contextualmente en relación con ese idioma. Por ‘contextualmente’ me refiero al posicionamiento cultural, geográfico, histórico y político. Ese posicionamiento obviamente resulta de elecciones. Si bien no podemos escapar del lugar físico —un punto específico en el mapa— donde nos encontramos, nuestra mirada puede dirigirse hacia horizontes muy distantes e ignorar las culturas, historias y circunstancias políticas con las que estamos involucrados como consecuencia de la ubicación en un punto geográfico dado.

Quiero contarles cómo vengo haciendo el acercamiento de los estudiantes al mundo hispano y lo haré en los próximos textos. En este, quiero mirar hacia atrás en mi formación en español porque creo que es un modo de explicar dónde me ubico hoy.

Ingresé en la Universidade Federal Fluminense en 1986 para estudiar Letras-Português/Inglês. Asistí al primer semestre, pero no me adapté a la forma en que se enseñaba el inglés. Me había graduado de Trabajo Social y creo que tendía más a los oprimidos que a los opresores. Decidí solicitar transferencia a Letras-Português/Espanhol. Nunca había considerado la idea de estudiar español y no tenía ningún contacto con el idioma, pero en ese momento no era raro que alguien comenzara carreras de grado en español con cero nivel de conocimiento. Los profesores que me enseñaron en los primeros semestres (las queridas Lygia Pérez, Magnolia Brasil y Marcia Paraquett) hablaban el “español de España”. Hoy sabemos que no hay “un” español, no importa de que país sea. Lo que quiero decir es que las referencias lingüísticas, literarias, culturales e históricas eran en gran parte de España.

Confieso que me gradué sin ser muy consciente de la diversidad lingüística del español y de que un profesor debe tratar de tener coherencia en la forma en que habla un idioma que no es originalmente suyo, así como de buscar las referencias culturales con las que se identifica. Hoy es así que pienso, pero no todos los professores tienen la misma opinión. Es una cuestión de punto de vista, de afiliaciones teóricas y, por qué no decirlo, de convicciones políticas. Después de graduarme y comenzar a enseñar, me pregunté cuáles serían mis referencias. Tenía varias ediciones de la revista Tercer Mundo, adquiridas durante el grado, porque estudiaba en el mismo edificio donde se impartían clases de las carreras de Antropología, Filosofía y Sociología, en la planta baja había un puesto de libros y revistas y yo regularmente compraba ediciones de Tercer Mundo. Ese fue uno de los pocos materiales impresos en español a los que tuve acceso durante la carrera. Comencé a interesarme por la historia de América Latina y, en consecuencia, me acerqué a las culturas y variedades lingüísticas de los países vecinos. Así que cambié mis referencias: dejé de usar “vosotros”, traté de familiarizarme con el vocabulario y otros aspectos del español (o castellano) de países con los que tenía más contacto, como Argentina, por ejemplo.

Esos cambios no quieren decir que haya ignorado a España, sino que he buscado estar más en sintonía con el contexto latinoamericano, hasta aquel entonces distante de mi perspectiva. Empecé a leer más textos literarios de autores del lado de acá del Atlántico, a escuchar canciones de cantantes latinos, ver películas argentinas, chilenas, colombianas, mexicanas … ¡Pero no abandoné a Almodóvar!

El proceso de latinización ha sido lento y es continuo. ¡Porque siempre aprendemos! Y es a partir de este contexto en el que me encuentro que preparo el acercamiento al mundo hispano de mis alumnos. Hablaré más sobre eso en los próximos textos.