Viajar en tren inspira. Los trenes son animales literarios. Los trenes son transportadores de sueños. El concepto Lengua, entendido como materia de estudio, se ve beneficiado enormemente cuando se viaja en tren. Máxime si eres hablante de español. ¿Por qué empleamos un tono tan elevado cuando hablamos castellano? Deberían hacerse investigaciones en este sentido. Desconozco si existe alguna. Ruego se me ilustre al respecto si un amigo lector lo tiene a bien.

Los trenes están llenos de la calma de su cadencia, incluso cuando se viaja en alta velocidad. Una paz que no aportan otro tipo de vehículos. Pero, ay de ti si te ha tocado cerca algún hablante de español con ganas de charlar. Estás perdido. Aunque también puede darse la circunstancia de que seas tú el que se muera por conversar. Entonces estás en el ambiente más propicio para conseguirlo siempre que tu acompañante no sea una “bella durmiente” que lo único que haga sea roncar… En este caso, siempre te quedará la opción de escribir.

Escribir en un tren. Leer en un tren. Qué romántico suena ¿verdad? ¿Acaso tú, amante de la Literatura, de la Lengua española, no te has planteado alguna vez hacer un recorrido ferroviario solo por el placer de leer un buen libro con el agradable traqueteo del vagón? No mientas, sé que alguna vez lo has deseado o incluso lo has hecho realidad.

<<Cuando era más joven viajé en sucios trenes que iban hacia el norte>> cantaba Sabina… Hoy, cuando una ya peina canas… viaja en un tren de alta velocidad que le permite reflexionar, escuchar ópera, ir cómodamente y llena de serenidad. No puedo por menos que recomendar la experiencia vivamente. Amigos lectores: viajen en tren. Lean en ellos obras en español y, si pueden y les dejan, conversen sobre ellas con sus compañeros de viaje. No hay mayor regalo que ilustrarse con lecturas propias y recomendaciones ajenas.

En mi caso, tras soltar con morriña “Los girasoles ciegos” del fallecido Alberto Méndez. Novelita que es imprescindible y constituye un verdadero deleite para los aficionados a la etapa de posguerra española, la crudeza de una narrativa desgarradora que jamás puede dejar indiferente a nadie… ahora tengo entre manos “Largo pétalo de mar” de Isabel Allende. ¿Quién me iba a decir a mí que el hilo argumental de ambas lecturas son los tristes hechos acaecidos en los años inmediatamente posteriores a la guerra civil española.

Historias reales, noveladas, por supuesto. Historias eternas. Historias contadas desde el corazón que late en cada letra de esta lengua española universal que a veces se grita en los trenes limpios que te conducen del Mediterráneo infinito hacia el Madrid cuasi deshabitado del último estirón de un largo verano azul.

Como siempre, Lengua y Literatura se dan la mano para permitirnos destrabar constelaciones de viajeros de trenes en los que se habla demasiado alto, pero a quienes esta vez les ha tocado callar para no desvelar las siestas de los durmientes. Callar con la boca, hablar con los dedos. Maravillosa magia la de la palabra escrita. Magia infinita la de nuestro español.