Una vez más: la tesis doctoral de Neide González sobre la adquisición de los pronombres átonos del español por estudiantes brasileños adultos abrió una próspera línea de investigación en Brasil y, principalmente, dejó evidente que las aparentes similitudes entre las dos lenguas pueden ser falsas dado que cada lengua tiene su propia estructura, su propio funcionamiento y su propia evolución histórica.

Considerando el orden básico de palabras, el portugués y el español tienen el orden SVO: “João vendeu o carro” / “Juan vendió el coche”. Sin embargo, dicho orden no se usa en los mismos contextos en las dos lenguas. Al revés, cada lengua tiene diferentes alternativas dependiendo del contexto informativo. Concretamente, el orden SVO se usa en ambas lenguas para contestar a una pregunta en que ninguno de los elementos en la oración tiene destaque como “O que aconteceu?” o “¿Qué pasó?”. Sin embargo, si la pregunta recae sobre uno de los constituyentes particulares de la oración, el portugués tendrá una estrategia y el español otra. En portugués, por un lado, si la pregunta es “Quem vendeu o carro?”, la respuesta será una de las versiones de “(Foi) João que(m) vendeu”. El orden SVO no es posible en ese contexto. En español, por otro lado, la pregunta “¿Quién vendió el coche?” tiene como respuesta “(El coche,) Lo vendió Juan”. (OBS1: “El coche, Juan lo vendió” tampoco es posible en ese contexto; OBS2: Obviamente, estamos ignorando la posibilidad de que se diga simplemente “João” o “Juan”). “Fue Juan que/quien lo vendió” es un orden posible en español pero no adecuado a ese contexto (salvo en el español caribeño). Sólo es posible cuando hay un contraste entre Juan y otra persona. Se puede concluir a partir de la somera exposición anterior que las dos lenguas, aunque semejantes, tienen recursos sintácticos distintos para producir sentidos. Maria Luiza Zubizarreta, en el capítulo “las funciones informativas tema y foco”, de la Gramática Descriptiva de la lengua española, muestra que “Juan compró un coche ayer” y “Juan compró ayer un coche” responden a preguntas distintas.

Con el enfoque comunicativo para la enseñanza de lenguas extranjeras, la gramática quedó desubicada. Se cometió el equívoco de pasar de una perspectiva en que prácticamente lo único que se hacía eran actividades gramaticales en una perspectiva tradicional a una perspectiva en que la gramática (entendida desde otras perspectivas más interesantes y adecuadas) no tiene lugar porque el entendimiento de los investigadores en enseñanza de lenguas es que gramática significa exclusivamente gramática tradicional.

Noam Chomsky (1965), en “Aspectos de la teoría sintáctica”, María Lluisa Hernanz y Josep María Brucart (1987), en “La sintaxis. Principios teóricos. La oración simple”, y Ángela Di Tullio (1997), en “Manual de Gramática del español”, dejan claro que la perspectiva gramatical tradicional tenía el objetivo de identificar y clasificar las partes de la oración. Por esa razón, lo que principalmente se halla en esos manuales de gramática tradicional son las clases de palabras (sustantivo, adjetivo, adverbio, verbo…) y las partes de la oración (la oración simple, la oración compuesta, sujeto, complemento directo, oración subordinada sustantiva…). Esa perspectiva de estudio no es útil para las clases de lenguas extranjeras porque, sobra decir, no interesa al aprendiz de una lengua extranjera aprender nombres y clasificaciones. Lo que le interesa es producir enunciados adecuados (ya sea de forma oral o escrita).

Aunque el estructuralismo haya enfatizado mucho más el nivel fonológico, hizo importantes avances en el nivel gramatical cuando habla de eje paradigmático y eje sintagmático. El eje paradigmático es el eje de las sustituciones (“el coche azul”, “el pájaro azul”, “el cielo azul” son fragmentos posibles pero “el para azul” no es un fragmento posible, lo que indica que “coche”, “pájaro” y “cielo” son palabras del mismo tipo, que se difieren de “para”, que pertenece a otra clase”). El eje sintagmático es el eje de las combinaciones (“Juan quiere comer guacamole” es una combinación posible pero “Juan quiere la piedra estudiar inglés” no es una combinación posible).

Después del estructuralismo, muchas perspectivas teóricas se dedicaron al estudio gramatical con la finalidad de comprender que es lo que rige el conocimiento del hablante para que pueda producir los enunciados de su lengua, si se tiene en cuenta una perspectiva mentalista, o las reglas que condicionan la estructura lingüística si se tiene en mente una perspectiva externa a la mente del hablante.

Todo eso para decir que:

(1) el estudio gramatical NO se restringe a la identificación ni a la clasificación de las palabras, como se hacía en la perspectiva tradicional. Esa perspectiva NO es adecuada a la enseñanza de lenguas extranjeras;

(2) la ausencia del componente gramatical en las clases de lenguas extranjeras igualmente es inadecuado porque las lenguas no son una masa amorfa. Las lenguas tienen una estructura y, como señalé al principio, el portugués y el español recurren a estrategias distintas aunque tengan un mismo orden básico de palabras;

(3) la enseñanza de la gramática en las clases de lenguas extranjeras no es un fin en si mismo. Es un medio o una herramienta importante para que los aprendices puedan producir y comprender enunciados adecuadamente.

(4) aunque la tesis doctoral de Neide González y sus trabajos posteriores hayan mostrado que, pese a las similitudes, el portugués y el español tienen particularidades estructurales que pueden generar problemas comunicativos, la ausencia del componente gramatical (tratado de manera adecuada) en las clases de español en Brasil refuerza el mito de que “aprender español es fácil porque soy hablante de portugués” porque ¿cuál sería la razón de excluir el conocimiento estructurante de la lengua si no se presupusiera que el conocimiento que se tiene del portugués es suficiente para producir y comprender textos en español?

En síntesis: el estudio gramatical es de suma importancia en las clases de español (de lenguas extranjeras en general). Pero la gramática no se restringe a poner etiquetas ni a completar huecos, como diversos formadores de profesores insisten en decir. Esa perspectiva gramatical no es útil. Sin embargo, para que los profesores de los cursos de formación de profesores de español puedan ofrecer formación gramatical adecuada necesitan, antes que todo, tener ellos mismos formación lingüística adecuada para hacerlo.