Hace no muchos días, el actor Robert Downey Junior, famoso por interpretar en la gran pantalla al Hombre de Hierro, se asombraba sarcásticamente de que el director de cine de origen mexicano Alejandro González Iñárritu fuese capaz de hilvanar en inglés la expresión “cultural genocide”.

Evidentemente, Ironman, que no debe de ser políglota, ignoraba que esas palabras que tan cultas le resultaban eran prácticamente castellanas. Eran puro latín.

Por lo que parece, Iñárritu es una persona habituada a leer que aprovecha sus conocimientos de español para expresarse en un inglés culto.

Se trata de un caso concreto de aplicación del plurilingüismo: las lenguas que ya conocemos nos ayudan a aproximarnos a las nuevas.

Y si algo así es posible con una lengua de matriz anglosajona, ¿qué enormes ventajas no tendrá el disponer de profundos conocimientos de una lengua romance como el portugués para acceder a otra también latina como el español?

El profesor veterano puede incluso sonreír por dentro cuando el enésimo alumno iniciante, creyéndose excepción y pretendiendo saltarse algún nivel, diga aquello de “Eu leio em espanhol e entendo praticamente tudo”, pero no debemos perder de vista que esta impresión personal apunta a un hecho incuestionable: existe una importante asimetría de partida en los aprendices brasileños entre las destrezas de comprensión y las destrezas de expresión. El estudiante brasileño es un falso principiante en general, de acuerdo, pero lo es más aún en lo que se refiere a la comprensión de lectura: debido a la afinidad que existe entre el portugués y el español, cuanto mayor sea la costumbre de leer en portugués del estudiante, más facilidad tendrá este para entender lecturas en español, aunque nunca haya estudiado formalmente. Como contrapartida, encontrar dificultades en la comprensión de textos en español muy probablemente no signifique falta de capacidad para las lenguas extranjeras, sino que podrá verse como síntoma de una literacidad poco desarrollada también en portugués.

Por este motivo, aunque no sea fácil, a la hora de elaborar pruebas de español para brasileños deberíamos hacer lo posible para no evaluar, ante todo, el nivel de portugués del alumno. Unas pruebas que se limiten a la comprensión de lectura o unos test de opción múltiple de gramática y vocabulario pensados para alumnos de diversas nacionalidades arrojarán resultados engañosos con estudiantes brasileños, pues no mostrarán el grado de interiorización o conocimiento implícito de la lengua extranjera, sino la activación de la estrategia de reconocer en el español vocabulario y estructuras similares a las del portugués.

El caso de las pruebas de nivel es particularmente delicado, pues clasificar a un alumno brasileño basándose apenas en los resultados obtenidos en un test de reconocimiento puede situarlo en un nivel por encima del que le corresponde, lo que puede terminar condenándolo al fracaso al no llegar a subsanarse nunca grandes deficiencias que se trabajan en los primeros niveles.

Una prueba de nivel de español para brasileños debe evaluar forzosamente la producción libre de textos orales y escritos, que es donde mejor se aprecia la asimilación del español. En todo caso, un test de gramática puede servir de complemento para evaluar el dominio de contenidos que en respuestas libres el alumno podría sortear aplicando la estrategia de evitación.

Evaluar la producción libre es un verdadero problema… pero es otro problema.