La ilustración es a la clase de idiomas como el cuchillo es al preparo de una comida: algo fundamental. Más que un elemento decorativo, sirve como referencia y apoyo durante el proceso de internalización del idioma. Una ilustración clara refuerza un concepto clave y consolida este aprendizaje de modo más eficaz. Cuando se solicita al alumno que observe una imagen o que dibuje algo con base en instrucciones específicas, trabajamos de modo muy especial la comprensión lectora, aquí tomada como la capacidad de dar sentido a la información. Esta semana he pedido a mis alumnos del sexto curso que identificaran a personajes a partir de pistas y que completaran los rostros de esas figuras según informaciones descriptivas: color de ojos, de pelo, de piel, tamaño y tipo de pelo, peinado, estado de ánimo, ropa y acción realizada (llorando, guiñando, cantando…). Junto a esos datos, agregué referencias acerca de la posición de cada individuo: entre, antes de, luego de, a la izquierda, a la derecha.

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Ingenuamente pensé que no se llevarían más que algunos minutos para realizar la actividad, pero, para mi sorpresa, casi un tiempo entero se pasó hasta que la finalizaran. Con otro grupo, realicé un dictado ilustrado: les pedí que dibujaran una casa con un arbolito a su derecha, con un coche aparcado en el garaje a la izquierda, una hamaca en el jardín con dos niñas jugando en ella, un gato en el tejado, tratando de trabajar junto a eso los marcadores espaciales y colores. Recogí todos los trabajos, los mezclé para luego devolverlos de modo aleatorio para que pudieran observar la figura producida por sus compañeros. Volví a repetirles las instrucciones para que pudieran evaluar mejor los resultados. En otro momento, trabajé con figuras incompletas. Les pedí que, tras concluir cada imagen, escribieran los elementos dibujados. Pero también me gusta trabajar con imágenes de revistas. Una compañera, profesora de francés, me sugirió un cartel titulado “El Más Feo”: los alumnos deberían crear un personaje a partir de partes de cuerpos humanos (o no) tomadas de fotos publicadas en revistas. Deberían nombrar, como mínimo, treinta partes distintas. En otra oportunidad, mis alumnos elaboraron “Cartas Enigmáticas”, trabajando con figuras/dibujos (hechos por ellos) y palabras. Eso para no hablar de los dibujos colectivos con pistas, muy corrientes en mis tiempos de estudiante: el profesor reparte hojas en blanco al primer alumno de cada fila y les pide que dibujen una parte de una imagen o figura. Cuando terminan, pasan la misma hoja al alumno siguiente para que continúe la ilustración hasta que llegue al último de la hilera. Al final, se deben comparar los dibujos para comprobar si están de acuerdo a lo pedido o no. Hay que echar mano de la imaginación para explorar las posibilidades de empleo de los grabados como recurso para el aprendizaje de idiomas. Más que un simple ornamento, es una herramienta poderosa y eficiente, no importando la edad de los alumnos. Les dejo el borrador de una variación a la actividad de las caritas. Los alumnos de cuarto me han pedido una variación de la actividad, con monstruos. Espero que se puedan inspirar y también crear otras actividades.

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