La enseñanza de la gramática en las clases de lenguas (extranjeras o maternas) es tema de debate desde hace ya mucho tiempo. Como especialista en gramática (hice una tesis de maestría en variación gramatical, hice una tesis de doctorado en cambio gramatical, doy clases de sintaxis del español y teoría gramatical, dirijo diversos tipos de investigación en gramática, evalúo diversos trabajos en gramática etc.), me siento muy molesto cuando veo investigadores de otras áreas sin formación en gramática diciendo cosas muy equivocadas sobre gramática. Hablan de gramática con total desconocimiento de lo que sea gramática más allá de la perspectiva tradicional y normativa (que son cosas muy diferentes, en la realidad).

Cuando se lee lo que esos investigadores escriben, algunos sin ninguna formación lingüística y otros sin ninguna formación gramatical que no la gramática escolar, se ve un montón de absurdos sobre gramática. Por ejemplo, repiten automática y mecánicamente que la gramática es un conjunto de reglas que se tiene que memorizar, que la gramática analiza frases sueltas y sin contexto. ¿De qué gramática habla esa gente?

A lo largo de todo el siglo XX, las perspectivas lingüísticas se desarrollaron de manera suficiente y muy adecuada y dejaron de lado la perspectiva normativa, homogénea y tradicional de gramática. Las perspectivas teóricas, ya sean las de base formalista o las de base funcionalista, han evolucionado lo suficiente para mostrar que el estudio de la gramática no es memorización de reglas ni se restringe a etiquetaje de palabras u oraciones. Desde el clásico libro “Estructuras sintácticas” de Noam Chomsky (1957), la comprensión de gramática gira en torno a comprender cómo los morfemas forman palabras, cómo las palabras se combinan formando sintagmas y oraciones y cómo las oraciones se combinan formando enunciados. O sea: todo lo que se diga de reglas en esa perspectiva científica de gramática tiene que ver con los usos de los hablantes de una lengua dada.

Doy dos ejemplos. El primero: Se puede decir que “Juan es trabajador/comedor/pintor/hacedor/leedor…”. Pero no se puede decir que “Juan es un sentidor/amador/queredor/oidor/vedor…”. Hay alguna regla en la morfología que permite que se junte el sufijo “dor” a un conjunto de verbos pero no a otros. El segundo: En español no caribeño, hay una regla que obliga que se ponga el orden Verbo-Sujeto en interrogativas parciales de objeto. Cualquier hablante de español no caribeño dirá “¿Qué compró María?” y no “¿Qué María compró?. Lo que determina que se dice la primera oración y no la segunda no son las reglas socialmente impuestas de la gramática normativa (la única perspectiva de gramática que esas personas son capaces de ver), sino las reglas del funcionamiento de la lengua española.

El estudio gramatical contemporáneo, más allá de etiquetar las oraciones o determinar normas de buen hablar, se interesa por comprender cómo las lenguas se estructuran. Y, aunque no le guste a esos investigadores sin formación gramatical, es un hecho empírico e incontrovertido el que las lenguas tengan una estructura gramatical.

Pues bien: Teniendo en cuenta una perspectiva científica de que cada perspectiva teórica toma su objeto de investigación, me parece que es fundamental que las personas que no tienen formación gramatical tengan un poco más de cuidado cuando hablan de gramática para que no estén hablando de gramática desde una perspectiva de Plato o Aristóteles ya que hablan en perspectivas contemporáneas de enseñanza de lenguas.

También es importante que las personas no hagan de sus dificultades o enojos (hay gente que no tiene habilidad para la reflexión gramatical, hay gente a la que no le gusta la reflexión gramatical, como hay gente a la que no le gustan otras cosas o tampoco tienen habilidades con otros tipos de conocimientos. Todo eso es muy normal) una necesidad objetiva de toda la comunidad: dado que a algunas personas no les gusta el estudio gramatical o no tienen habilidad con el estudio gramatical, tienen que imponer otras perspectivas de estudio de la lengua o excluir la enseñanza de la gramática de las clases de lenguas extranjeras. Ya he dicho en diversas ocasiones, inclusivo en un texto reciente que acaba de ser publicado en una obra editada por Iandra Coelho sobre competencias en la enseñanza de lenguas, por la editorial Pontes: el problema no está en la enseñanza de la gramática sino en cómo enseñar la gramática. Cada vez que veo que una de esas personas que no tiene formación gramatical habla de enseñanza de gramática como si sólo existiera la perspectiva tradicional o normativa, me quedo más seguro de eso.

En el primer semestre de 2019, compartí con una compañera también especialista en gramática una asignatura optativa de “estudios de gramática” para estudiantes de un curso de formación de profesores. Al final del curso, todos los estudiantes estuvieron muy encantados con todo lo que se vio a lo largo del semestre (otras perspectivas de funcionamiento lingüístico muy distintas a la perspectiva tradicional y normativa) y dijeron que, a partir del curso, muchas cosas en la lengua empezaron a tener sentido para ellos. Incluso para que pudieran mejorar su conocimiento y habilidades lingüísticas.

Seguiré hablando de gramática y enseñanza de gramática los próximos meses, porque los que tienen que hablar de gramática (y de cualquier otro tema) son los que realmente han estudiado y se han dedicado a estudiar dichos temas para que personas sin formación adecuada no difundan ideas equivocadas y ya superadas en el ambiente especializado.