En este post me gustaría tratar del uso particular de la lengua en clase por parte del profesor, debido a sus implicaciones en el aprendizaje. Un rasgo que distingue ese uso es que la lengua es el objetivo de la clase y el medio de lograrlo. Para que se cumplan esas finalidades, el profesor modela la lengua, pues es un medio a través del cual orienta e instruye a los alumnos acerca de las tareas y, simultáneamente, los alumnos aprenden la lengua, sea para negociar y participar con los demás en la interacción, sea para llevar a cabo las actividades y tareas propuestas. Es por ello que los profesores modifican el tipo de lengua que emplean, lo que configura un modo particular de habla que difiere, en determinados aspectos, del habla corriente y, especialmente, cuando se trata de realizar peticiones y dar instrucciones en la clase. En este sentido, Richards y Lockhart (2008, p. 171) se refieren al “carácter repetitivo de las peticiones e instrucciones del profesor” y señalan que la repetición es una de las diversas estrategias empleadas por los profesores para que sus órdenes e instrucciones se vuelvan comprensibles a los estudiantes. Para ilustrar este hecho, basados en Chaudron (1988), los autores mencionan unas cuantas estrategias que incluyen: 1. hablar más lentamente; 2. utilizar pausas; 3. cambiar la pronunciación; 4. modificar el vocabulario; 5. modificar la gramática y 6. modificar el discurso.  Estos cambios y ajustes pueden definirse como un tipo específico de discurso denominado “habla del profesor”, cuya finalidad es facilitar la comprensión y la producción en el aula, con lo cual se supone que este uso resulte benéfico en el aprendizaje de la lengua.

Para Krashen, es por medio del habla que el profesor proporciona lo que él denomina el input comprensible, o sea, “el material lingüístico que se ajusta con exactitud al nivel de comprensión del alumno” y que, según ese autor, es esencial para la adquisición de otras lenguas. Sin embargo, hay el riesgo de que dicha forma y uso no resulten naturales, a pesar del esfuerzo del profesor por generar y brindarles a los alumnos material comprensible que pueda potenciar el aprendizaje y la adquisición de la lengua.

Teniendo en cuenta esas consideraciones, el profesor puede repasar las principales estrategias empleadas, considerando con qué frecuencia lo hace y cómo esas ayudan a los alumnos. Es importante, incluso, que reflexione sobre cuáles son las ventajas y desventajas de dichas estrategias y de qué modo debe o puede evitar formas que resulten extremadamente artificiales y reductoras de la lengua, y que en lugar de favorecer el aprendizaje lo dificulten. Además, conviene destacar que aunque el habla del profesor no sea o no deba ser el único input lingüístico a que esté expuesto el estudiante, el uso que hace de la lengua tiene implicaciones en el aula. De ahí, la relevancia de reflexionar sobre dicho uso y sus efectos en el aprendizaje, de manera a que saque provecho de lo positivo que pueda aportar y que se tenga claro los aspectos negativos que pueda incidir.

Bibliografía

Richards, J.C.; Lockhart, C. “El uso de la lengua en la clase”. En: Estrategias de reflexión sobre la enseñanza de idiomas. Madrid: Edinumen, 2008, p. 170-188.