En este primer post del año, quisiera compartir con ustedes algunas inquietudes acerca del aprendizaje de lenguas en el contexto escolar y, en concreto, sobre la motivación o interés por aprender una lengua distinta, a la cual denominamos “extranjera”. Vale decir que mi interés por  dicho entorno se  debe a que la enseñanza reglada y formal se constituye el campo de actuación de muchos de nosotros y tiene sus especificidades en cuanto al público, programa, objetivos y fines, por ejemplo.  Teniendo en cuenta sus múltiples aspectos y dimensiones, aquí me vuelco hacia un componente fundamental de la dinámica escolar:  la experiencia de aprendizaje de lenguas por parte de los sujetos y, en particular,  me preocupa reflexionar acerca de qué consisten  y cómo los estudiantes se involucran (o no) en esas.

Me parece que no siempre se proporcionan experiencias que motivem y contribuyan al aprendizaje, ya que al aprendiz,muchas veces, no le queda clara la relación entre lo que aprende (en el caso la lengua) y su contexto/realidad y luego se deduce lque  no aprende porque no atribuye  sentido a lo que va a estudiar. En otras palabras,  parece que no se establece una conexión entre lo que se está aprendiendo con el momento y el entorno del aprendiz o entre lo aprendido y lo que aprende. Diciéndolo de otro modo, por cuál razón va a aprender sobre los ríos, sobre los autores, pintores, sobre las conjugaciones verbales, etc, si nada de eso es relevante, si no “sirve” para nada, si jamás  va a usar o aplicar a algún contexto comunicativo e interactivo real. De modo análogo, uno se pregunta por cuál motivo va a aprender una lengua tan similar y cercana a la suya, como es el español, si basta con decir unas cuantas frases y palabras y toda la gente se entiende, en todas partes, si no se requiere ningún esfuerzo o trabajo personales para hacerse comprender en esa lengua. Y podría apuntar otras cuantas cuestiones que se sumarían a este panorama, nada alentador.

Como profesora y formadora de profesores, busco comprender  cómo puedo actuar en ese contexto, cómo interpretar  determinadas actitudes y concepciones que, en cierto grado, se mantienen, cómo las fomento y cuáles son sus implicaciones en las experiencias del aula.

Dar sentido al aprendizaje significa incorporar lo nuevo al ya conocido,  de suerte que logremos ampliar nuestra comprensión de la realidad. Desde ese punto de vista, participar del aprendizaje presupone reconocer que aprendemos con los demás, que el aprendizaje es un proceso dinámico de construcción del conocimiento y que al integrar a las nuevas experiencias a las anteriores nos modificamos como sujetos. Así, el aprendizaje de otra lengua se suma a los  demás conocimientos, cambia nuestro modo de analizar y vivir la  realidad y, en consecuencia de ello, nuestra forma de acción en la sociedad. Y, por lo tanto, es una experiencia singular que cambia nuestras percepciones y la de los demás. Quizá empezar por poner en el foco el aprendizaje nos muestre que el aprendiz aporta mucho de su experiencia y conocimiento al nuevo aprendizaje.