En el post de este mes, vuelvo a tratar de la formación de profesores y, en concreto, de lo que entendemos por otras dimensiones que no exactamente la metodológica. Y aquí me refiero a una importante dimensión que es la de los valores, la de la percepción de nuestra acción como mediadores que somos de la construcción de puentes entre estudiantes y lenguas y culturas.

Hace tiempo observo clases de futuros profesores y busco comprender cómo se da esa acción en ese importante momento de la formación inicial. Así, por ejemplo, me fijo en el modo cómo los futuros profesores emplean en sus clases los diversos materiales didácticos y recursos; cómo se manifiestan los turnos de habla y cómo la lengua materna aparece en los diversos momentos; cuál es el tratamiento reservado a la diversidad y la variedad lingüística; cuál es la concepción de cultura y lengua que orienta la clase; cuáles son las actividades y la tareas que predominan.

Me parece que la clase es un momento especial para el aprendizaje, ya que permite  observar, por un lado, cómo los futuros profesores van creando y estableciendo pautas de acción y determinadas rutinas, y, por otro, cómo se refuerzan determinados discursos, ideologías y valores. Es decir, la observación de las clases nos muestra que enseñamos no solamente por medio de técnicas o de herramientas o recursos, sino también por medio de lo que decimos o no,  de lo que defendemos o no como correcto o incorrecto, adecuado o no adecuado. Siendo así, la observación de las clases de futuros profesores favorece la comprensión de la formación de profesores como no neutral, como un proceso dinámico de percepción, construcción y reflexión constantes que nos hace ver la compleja relación entre el ejercicio de la profesión, el contexto de actuación y nuestra acción como seres sociales. Desde ese punto de vista, hay que pensar la formación de profesores un poco más allá de la dimensión de los contenidos, objetivos y métodos y, por lo tanto, no basta con algunas sencillas orientaciones sobre qué y cómo enseñar. Hay, además de esa dimensión, que observar que en la acción emergen valores e ideologías. Y, de ese modo, si algo callamos o si algo enfatizamos hay que tener claro cuál es la razón o la motivación por detrás de nuestras acciones y opciones, pues al fin y al cabo somos responsables de nuestras elecciones y del impacto que tendrán en los estudiantes.