En el último post les invité a pensar posibles respuestas a las siguientes preguntas en cuanto a la enseñanza de ELE para niños: 1. ¿por qué contamos historias y no proponemos otras actividades?; 2. ¿a quién(es) le(s) contamos las historias?; 3. ¿qué historias le(s) contamos?; y 4. ¿cómo le(s) contamos las historias? Ahora les traigo mis reflexiones.

Para la primera pregunta, o sea, ¿por qué contamos historias y no proponemos otras actividades?, creemos que los primeros contactos del niño con la lengua española pueda ser por medio de la audición de cuentos en el aula, además de otras actividades.

En cuanto a la segunda, nuestra sugerencia es que les contemos historias que ya conocen en su lengua materna porque tienen los primeros contactos con la lengua extranjera en ambiente escolar. Más profundamente, tenemos que considerar quiénes son efectivamente nuestros alumnos, qué expectativas tienen acerca del estudio de una nueva lengua, cuáles son sus creencias sobre los pueblos españoles e hispanoamericanos y sus culturas, qué saben sobre los países en los que la lengua española es la lengua oficial, qué les gusta a esos pueblos y, principalmente, qué no les gusta, entre otros aspectos. Con esas informaciones, puede que sea posible acercarlos de textos que consideren de modo más adecuados sus conocimientos previos, sus anhelos y sus necesidades, lo cual, a la vez, también contribuye para el aumento de la motivación y del interés de los alumnos por el nuevo idioma.

Para que obtengamos una respuesta adecuada para la tercera pregunta, es imprescindible que tengamos claros todos los matices que involucran la pregunta anterior y, consecuentemente, sus respuestas. Otra práctica que deberíamos introducir en nuestro cotidiano es escuchar a nuestros alumnos. Sus ideas nos ayudan a elaborar nuestras clases y, principalmente, a direccionar nuestras opciones, basados(as) en sus preferencias, facilidades y dificultades. Tenemos que considerar sus edades, su desarrollo psicológico, sus interacciones sociales, sus intereses como grupo y como individuos que son, pues solamente de esa manera podremos proponer un curso que, efectivamente, atienda a sus deseos y necesidades, o sea, se trata de ofrecerles un curso “a” los alumnos y no solamente un curso cualquiera de lengua extranjera.

Por fin, la cuarta cuestión nos trae uno de los principales componentes de una clase: el cómo actuar. Hay muchas posibilidades de obras (libros, artículos, capítulos de libros…) que tratan de ese tema. Sin embargo, podemos ofrecerles algunas sugerencias: tras la lectura de una historia, el profesor puede proponer juegos de personajes (teatro), actividades manuales que tengan como inspiración el cuento (dibujo espontáneo, pintura, uso de plastilina), por ejemplo. Esas producciones las podemos aprovechar para comprobar la comprensión de los alumnos acerca de lo que escucharon, por ejemplo.

Otras sugerencias esperamos que nuestros lectores puedan añadirlas en los comentarios a este post para que podamos seguir con nuestra discusión.

Además de historias, existen otras posibilidades lúdicas útiles para las clases de LE a niños. Entre ellas están las músicas y canciones, tema de que trataremos en nuestro próximo encuentro.