Se habla mucho de las variantes del español en los países hispánicos. Para empezar, el español de España y el español de América. Dentro de España, el español de Andalucía, el de Castilla, el de las Islas Canarias… Dentro de América, el español (o castellano, como prefieren llamarle los habitantes locales) de Argentina, de México, de Cuba, de Venezuela…. Dentro de Argentina, el de Buenos Aires, el de Córdoba… Dentro de México el de la capital, el de Chiapas… y así sucesivamente.

Ya se sabe que las variantes locales no constituyen dialectos y el idioma es uno solo, la gramática es la misma en todos los países de habla hispana, pero cada país o región se reconoce, y se distingue del otro, por la pronunciación y también por el léxico usual.

Cierta vez, sólo para ver qué decían, pregunté a unos venezolanos que estaban de vacaciones en España qué idioma se hablaba en Venezuela: “Hablamos venezolano”, me contestó el interrogado, muy orgulloso de su identidad nacional.

Otra vez, en una feria (también en España), unos chicos valencianos hablaban con un grupo de jóvenes argentinos.

—¿De dónde sois vosotros?, preguntó uno de ellos.

—De la Argentina, contestaron los muchachos.

—¡Caramba! ¡Nunca he oído nada tan parecido al español!

Esas anécdotas reflejan que la gente percibe mucho más la diversidad que la unidad del idioma, o sea, que las variantes como que se sobreponen al idioma universal.

De hecho, el español “universal” se restringe a las áreas técnicas, científicas y profesionales, y hay un esfuerzo de globalización del idioma, pero el lenguaje “de la calle”, con sus particularidades, domina la comunicación.

Lo mismo ocurre con el portugués de Brasil, de Portugal, de Mozambique, de Angola, etc.

Por ende, si las particularidades del idioma dominan en el ámbito de la comunicación, esto constituye un verdadero desafío para los profesores de LE y para los traductores.

En mi oficio de traductora, muchas veces se me informa: “este artículo se publicará en España”, o “ese texto es para una charla en Chile”, para que yo cuide el léxico y las estructuras que he de utilizar en la traducción.

La pregunta más corriente cuando un hablante de español viaja a otro país de habla hispana es: ¿Cómo se le dice a esto aquí?.

Las variaciones terminológicas regionales ocurren sobre todo en las denominaciones de las prendas de vestir, los objetos de uso doméstico, las comidas y los productos agrícolas. Y de eso se ocupan algunos diccionarios de regionalismos y también los libros de texto que ponen cuadros comparativos de variantes.

A título de ejemplo, incluyo un cuadrito de saludos y despedidas coloquiales (sujeto a innumerables ajustes, y que desde luego no son exclusivos de un país u otro):

 

ESPAÑA ARGENTINA MÉXICO BRASIL
pues nada bah bah, pues tudo bem
venga bueno vaya, pues falou
qué bien qué bueno órale (manito) que bom / beleza
¿qué tal? ¿qué hacés? ¿quiúbole? (reducción de ¿qué hubo?) como vai? / e aí?
estupendo bárbaro / fenómeno chévere / de perlas beleza / maravilha
vale dale estamos combinado / falou
¡adiós! / hasta luego nos vemos / chau / llamame hasta mañana / que te vaya bien a gente se vê