En los textos de los últimos dos meses (mayo y junio), tratamos de una de las hipótesis del lingüista norteamericano Stephen Krashen para la adquisición de segundas lenguas/lenguas extranjeras. Esa hipótesis está relacionada al papel de los factores afectivos cuando se estudia/se aprende una lengua, sobre todo la motivación y la ansiedad. Sin embargo, cabe resaltar que la idea de que la cognición (y no solamente en lo relacionado a los idiomas) esté de alguna manera involucrada con la afectividad gana fuerza en las últimas décadas. Si antes el funcionamiento cerebral y el comportamiento humano eran explicados solamente bajo la perspectiva cognitivista, en la cual las emociones ocupaban un papel secundario y poco explorado, actualmente ya se considera que los aspectos afectivos no solamente están presentes en todas las acciones humanas, sino también que en ellas influyen de forma bastante intensa.

Muchos son los autores que constataron, de alguna manera, la relación entre cognición y afectividad como un proceso continuo e indisociable.

Entre los adeptos de ese pensamiento está, obviamente, Jean Piaget, gran estudioso del desarrollo cognitivo, para quien “aunque diferentes en su naturaleza, la afectividad y la cognición son inseparables en todas las acciones simbólicas y sensorio-motoras” (Piaget, 1954). Para él, toda acción y pensamiento reflejan un aspecto cognitivo, representado por las estructuras mentales, y un aspecto afectivo, representado por una estructura energética, que es la afectividad.

Igualmente, Arantes (2002) postula que “el conocimiento de los sentimientos y de las emociones requiere acciones cognitivas, de la misma forma que tales acciones cognitivas presuponen la presencia de aspectos afectivos”.

En esa perspectiva también caminan los estudios del médico portugués António Damásio, autor del  libro O erro de Descartes (1996). La obra se basa en sus estudios con pacientes que presentaban deficiencias neurológicas al tomar decisiones y disturbios de emoción. La hipótesis principal de Damásio (conocida como hipótesis del marcador somático) establece que la emoción es parte integrante del proceso de raciocinio y puede auxiliarlo, y no perturbarlo, como si pensaba. Contrariamente a la visión cartesiana de separación abisal entre cuerpo y mente, el autor postula que ambos caminan juntos y no jerárquicamente organizados.

Todas esas reflexiones son de extrema importancia desde el punto de vista de quien aprende, pero sobre todo de quien enseña o trabaja con la educación de manera general. Considerar la relevancia de las emociones en el proceso de aprendizaje es asomarse a una ventana desde donde mucho se podrá ver.

 

Para saber más

Piaget, J. Les relations entre l’intelligence et l’affectivité dans le developpement de l’enfant. In: RIMÉ, B.; SCHERER, K. (Eds.). Les Émotions. Textes de base en psychologie. Paris: Delachaux et Niestlé, 1989. p. 75-95.

ARANTES, V. A. A. A Afetividade no Cenário da Educação. In: OLIVEIRA, M. K.; REGO, T. C. (Coord.) Psicologia, Educação e as Temáticas da Vida Contemporânea. São Paulo: Moderna, 2002. p. 159-174.

DAMÁSIO, A. R. O erro de Descartes. Emoção, razão e o cérebro humano. Trad. Dora Vicente e Georgina Segurado. 2ª. ed. São Paulo: Companhia das Letras, 1996. 330p.