En mi post de este mes, me gustaría volver a  tratar de los métodos; en especial, de lo que conocemos como ecletismo metodológico. Recuerdo que a lo largo de los años venimos conociendo diversos métodos que, incluso, forman parte de la historia de la enseñanza y del aprendizaje de lenguas. Destaco que cada uno de esos ha aportado sus contribuciones y que no siempre está claro en qué consisten y cómo nos apropiamos de ellos, o sea, muchas veces se notan inconstancias en cuanto a la teoría y la práctica. Pero en este momento, lo que me interesa no es defender un método en especial u otro sino tratar de lo que se entiende por ecletismo metodológico y qué propone. Observo, sin embargo, que la opción por el ecletismo tiene, a su vez, implicaciones en la formación de profesores y discutiré aquí ese aspecto.

Antes que nada, hablar de ecletismo presupone una práctica plural y coherente para la enseñanza de lenguas. En este sentido, la diversidad de tareas y  actividades empleadas tiene que facilitar, optimizar o impulsar el proceso. Esa acción debe ser guiada por determinados principios. Flexibilidad no significa una total ausencia metodológica.  Por ello, le toca al profesor hacer sus elecciones metodológicas de acuerdo con las necesidades y características de su contexto pedagógico, y adecuadas a los objetivos de enseñanza y aprendizaje. Ese cambio genera nuevas responsabilidades para el profesor y un cambio significativo en lo que se refiere a su formación. No se trata, por lo tanto, de una formación volcada hacia un entrenamiento en un determinado método, ya que se espera de ese profesor una visión mucho más amplia de su contexto pedagógico y una actuación crítica y autónoma. De ese modo, interesa comprender más a fondo cómo se da el proceso de enseñanza y aprendizaje y un proyecto de formación que permita a ese profesor un constante cuestionamiento de su acción, una reflexión acerca de su rol y de las responsabilidades que implican sus opciones. Otro aspecto relevante que mencioné se refiere a la autonomía del profesor. Me parece que en la formación del profesor hay que desarrollar actitudes que promuevan esa autonomía, ya que no basta con defender la autonomía de los aprendices si no se considera la del profesor. Considero fundamental que no solo se valoren las experiencias, los saberes, las teorías sino también que se busquen caminos para establecer actitudes responsables que conlleven a la autonomía del futuro profesor de modo que sea capaz de hacer sus elecciones de modo claro, fundamentadas por principios que sirvan de norte a su práctica.