En continuación al tema que propusimos el mes pasado en este espacio, vamos a tratar un poco más sobre algunos aspectos afectivos en las clases de lenguas extranjeras, aunque parte de las ideas seguramente puedan aplicarse a otras asignaturas. Autoestima, autoeficacia y autoconcepto lingüístico son términos relacionados a la motivación y muchas veces entendidos como sinónimos. En realidad, se deben considerar conceptos complementarios, una vez que se retroalimentan, pero que tienen significados diferentes:

[autoestima es] … esa imagen individual, muy personal y poco objetiva, que todos tenemos de nosotros mismos, enormemente dinámica y moldeable, autoevaluativa, y que se desarrolla a lo largo de nuestra vida. Es la imagen compuesta de lo que pensamos que somos, de lo que pensamos que podemos lograr, de lo que pensamos que los otros piensan de nosotros y de lo que desearíamos ser. (CANO, 1996, p. 3).

[autoeficacia es definida como] … el juzgamiento de las personas sobre su capacidad de ejecutar y organizar acciones necesarias para atingir determinados tipos de comportamiento. (BANDURA, 1986, p. 391).

El “autoconcepto lingüístico” es el grado de capacidad que creemos tener para aprender una lengua. (CANO, 1996, p. 3).

Esos tres factores están relacionados a la evaluación personal que cada individuo hace de sí mismo y se construyen con base en sus experiencias. En el caso específico de los alumnos de LE, esas experiencias se refieren, sobre todo, a sus percepciones de desempeño en cursos de otro(s) idioma(s) o en clases de otras asignaturas. Las experiencias pasadas ayudarán al individuo a formar la imagen que tiene de sí mismo y de sus capacidades para alcanzar determinadas metas.

Conforme relatado por Pintrich y Schunk (1996, p. 88-93), diversas investigaciones concluyeron que alumnos con fuertes creencias de autoeficacia obtienen mejores resultados en tareas de aprendizaje. Si el alumno considera que es capaz de realizar una actividad (en nuestro caso, aprender una nueva lengua), se esforzará más en hacerlo, será más receptivo y dispuesto a aprender, ya que el desafío le parece alcanzable. Por otro lado, si las experiencias anteriores en situaciones semejantes le traen la idea de fracaso y/o sentimiento de incompetencia, podrá desistir frente a los primeros obstáculos y buscará otras metas. Así que es importante que el profesor trate de:

–   minimizar las situaciones en las que el alumno pueda fracasar, de manera que él sienta confianza en participar y pase, gradualmente, a aceptar el error como parte del proceso de aprendizaje;

– proponer a los alumnos actividades que tengan condiciones de realizar (pero que supongan algún desafío), de forma a evitar frustraciones constantes;

–   evitar actividades consideradas muy fáciles, una vez que el alumno puede atribuir el éxito en tales actividades a su facilidad excesiva y no a su capacidad de realizarla;

– evitar comparaciones explícitas sobre el desempeño o las notas de los alumnos;

–   dar a los alumnos feedbacks realistas e incentivadores sobre su desempeño a lo largo del curso, para mostrar su evolución y en qué todavía necesitan mejorar, siempre de forma que los aprendices sientan que son capaces de hacerlo.

 

Para saber más

BANDURA, A. Social Fundations of Thought and Action – A Social Cognitive Theory. Englewood Cliffs: Prentice Hall, 1986. 544p.

CANO, A. La autoestima: su importancia en la enseñanza de segundas lenguas. Frecuencia – Revista de didáctica – Español como lengua extranjera, Madrid, nº 2,  jul.1996. p.38-41.

PINTRICH, P. R.; SCHUNK, D. H. Motivation in education. Theory, research and applications. New Jersey: Prentice-Hall, 1996. 434p.