El mes pasado ocurrió en la ciudad de Atlanta, EE.UU., una edición más del ISTE Conference, uno de los mayores eventos de tecnología y educación del mundo. De hecho, los números impresionan: más de 14.000 educadores y profesionales de la educación provenientes de 73 países se registraron para participar del evento.

¿Qué buscaba toda esa gente? Información sobre lo que hay de más nuevo acerca del uso de recursos digitales en el aula. Para tanto, pláticas, mesas redondas, worshops, paneles y foros de debates dieron lugar a mucha discusión e intercambio de conocimiento entre los participantes.

Como yo estaba presente, confieso que me quedé un poco preocupada por las novedades que iba a encontrar. Mi temor era constatar algún tipo de retraso acentuado en lo concerniente a las competencias digitales de nuestras escuelas brasileñas. Sin embargo –y para mi alivio–, no fue lo que pasó.

Las dudas y temores de profesores, sean ellos estadounidenses, mexicanos, neozelandeses o brasileños son los mismos, es decir, están todos en búsqueda de capacitación digital y de sugerencias de contenidos de calidad para usar con sus alumnos en el aula. Claro está que hay casos excepcionales de profesores que, de tan avanzados que están con la tecnología, ya no piensan en consumir contenidos digitales, sino construirlos con sus alumnos. Pero todavía son pocos los que caminan en esa dirección.

Y si para mi alegría no encontré nada muy diferente de las prácticas digitales que adoptamos en nuestras escuelas, lo que sí parece caminar en dirección opuesta a la nuestra es la calidad de la conexión a Internet. Sí, porque en nuestro país sigue siendo cara, restringida y de baja calidad, al paso que en territorio norteamericano la conectividad es de dar envidia incluso a los que siguen viviendo una vida analógica en plena era digital.