En el texto de hoy comparto el relato de una experiencia de diseño de evaluación dentro del modelo de enseñanza de lenguas mediante tareas, una metodología muy extendida en distintos ámbitos de enseñanza y para diferentes fines. Dicho enfoque, al pensar la enseñanza de manera global y al fomentar el tratamiento de distintas dimensiones pragmáticas en el diseño de la clase, tiene efectos sobre el aprendizaje que van más allá de lo que pueden captar los medios formales de evaluación. Sin embargo, nos hemos propuesto perseguir ese reto.

Durante el período en el que me tocó coordinar el área de español del curso de extensión de lenguas a la comunidad de la Universidade Federal Fluminense (UFF), adoptábamos un manual basado en las tareas, con unidades bien diseñadas pero con un libro de trabajo lleno de actividades gramaticales y estructurales, que contradecían los supuestos tan bien trabajados en el libro del alumno. Nuestros exámenes escritos, al basarse en dichas actividades muy adheridas a lo gramatical, no nos satisfacían, pero tampoco disponíamos de instrumentos para cambiar de momento la situación.

A medio plazo, con la dedicación de todo el grupo al proyecto de cambiar el instrumento de evaluación escrita, hemos llegado a un diseño de examen enteramente nuevo, en el que los temas de las unidades correspondientes del libro se amalgamaban en un tema único motivador. Las cuestiones pasaron a girar en torno a dicho tema, desplegando sus múltiples aspectos, en tareas de distinto tipo, que relacionaban el tema a la vida del alumno y a la sociedad.

Un ejemplo de ello es una evaluación que corresponde a tres unidades cuyos temas eran: mundo laboral, alimentación y viaje. La prueba resultante le planteaba al alumno: a) elegir una propuesta de trabajo a partir de un conjunto de avisos y escribir una pequeña carta de presentación al departamento de personal de la empresa elegida; c) al ser admitido, elegir un vuelo a partir de una copia de pantalla de un sitio real de venta de pasajes; d) hacer lo mismo con el hotel para los primeros días y luego e) escribir un e-mail breve a un amigo sobre la razón de sus elecciones. Finalmente, f) ver un vídeo sobre la alimentación en el país en juego en el tema y hacer una lista breve de los ingredientes utilizados y g) discutir la relación de ese plato con su propia cultura y sus gustos personales.

Se puede observar que en la propuesta se exploran distintos registros y géneros discursivos, y que las actividades van desplegando las  consecuencias lógicas del tema motivador, sin perder de vista los asuntos tratados en clase. Con eso, la prueba cobró cohesión –debido a la unidad temática de principio a fin– y coherencia, al recuperar los temas vistos en clase, por lo que se convirtió en un instrumento de evaluación más significativo para el estudiante.

Por cuestiones de espacio nos limitamos a presentar tan solo uno de los muchos ejemplos de pruebas que nuestro grupo ha producido y que se sigue utilizando actualmente, por lo que considero este trabajo un paso significativo en el crecimiento profesional de todos, una vez que hemos podido llegar a un medio de evaluación más acorde con la práctica en clase y con la forma como el grupo concebía la enseñanza. Por eso, este texto va dedicado al talento y capacidad de los docentes que aquí menciono: Adriana Vidal, Cecilia Alonso, Irene Sowter, Keren González, Larissa Zanetti, Liliene Novaes, Matías Blanco y Simone Queiroz. Nuestro trabajo ha valido la pena.