Sobre la importancia de la dinámica de grupos

A diferencia de muchos de mis colegas de Brasil, mis grupos de español en Buenos Aires cambian todos los meses. Por eso, lo que propongo en este post se me tiene que dar rápido y bien (casi siempre se puede pero a veces no lo logro).

Este mes, mi grupo de nivel V, integrado por una norteamericana, dos inglesas, un sueco, una italiana, una turca y un ruso, me sirvió de inspiración para compartir esta reflexión. Como se imaginarán, son inteligentes, curiosos, participativos y adorables.

Muchas veces nos preguntamos por qué tenemos grupos en los que trabajamos con gusto y otros que preferiríamos no tener. Hay actividades que funcionan de maravillas en un grupo, y cuando las proponemos en otro no tenemos los mismos resultados.

Vale preguntarse qué podemos hacer para actuar sobre esta situación.

Quisiera compartir entonces algunas ideas del artículo “El papel de la dinámica de grupos en el aprendizaje y la enseñanza de lenguas extranjeras”, de Zoltán Dömyei y Angi Malderez, para que pensemos juntos qué hacer al tener que lidiar con diferentes grupos de alumnos.

Para empezar, los acontecimientos de grupo tienen que ver con diferentes factores como las actitudes de los participantes respecto al aprendizaje, con cuánto y cómo interactúan los alumnos y el profesor, con la colaboración, la disciplina, la motivación, la confianza y la satisfacción del alumno y del profesor.

Aunque el profesor desconozca esta realidad, aunque no le gusten ni interesen estos temas, las cuestiones relacionadas con el grupo están en el centro de la dimensión afectiva del proceso de aprendizaje. Lo que los alumnos aprenden se ve afectado por las propiedades del grupo en el que se encuentre: su estructura, su cohesión, el clima, las pautas de interacción, entre otras.

Es el profesor quien tiene el poder de darle ritmo y variedad a las actividades.

Ya desde las primeras clases podemos notar que los alumnos se observan entre sí, participan con mucho cuidado, como “leyendo” de qué manera se da la interacción-integración entre ellos y con el profesor. Con el pasar del tiempo, se va generando una determinada cohesión según la aceptación que se dé entre ellos.

Debemos intervenir en este desarrollo proponiendo actividades que promuevan el intercambio de informaciones y opiniones verdaderas, auténticas. Cuanto más se conozcan, más posibilidades habrá de que se desarrolle una buena relación.

Hay que promover la colaboración en el grupo. Mis alumnos sonríen porque lo digo y suena gracioso, pero funciona: “Este es un ejercicio complejo, pero no estás solo… si te cuesta, tu compañero te ayuda, contá con él”. “Empezamos solos y luego comparamos los resultados con el compañero, luego entre todos”.

Otra idea de colaboración que podemos promover es el contacto fuera de la clase para hablar de dudas, o tareas en caso de que alguien falte.

Para lograr la cohesión del grupo es muy importante el tipo de liderazgo que ejerzamos como profesores. Cada uno tiene su personalidad, obvio, pero lo más efectivo es mantener una actitud democrática, firme, consistente, cumplir con lo que prometemos y generar un clima de confianza. Cuando digo “confianza”, me refiero a la idea de confiar, de la tranquilidad que esperamos que nuestros alumnos tengan para poder participar, preguntar, sugerir. No hablo de “amistad” o de “relación personal”. Si terminamos haciéndonos amigos, bárbaro, pero habría que tener cuidado para que no se confundan los roles en el proceso que estamos llevando a cabo.

En función de sacar el mejor provecho del grupo, de proponerlo y consolidarlo tendríamos que:

  • Considerar al grupo como tal y no una suma de individualidades; que cada alumno llegue a sentirse parte del grupo sin que nadie quede afuera.
  • Pensar y proponer actividades para que se conozcan entre ellos y que consoliden la colaboración en el grupo.
  • Preparar actividades con vacíos de información en las que verdaderamente necesiten la respuesta del compañero.
  • Darles lugar para que propongan actividades y decidan qué se hará como grupo.
  • Estar preparados para atender situaciones de conflicto en el grupo o con alguno de sus miembros.

Para concluir, es necesario valorar el aporte que pueda hacer cada miembro del grupo. En palabras de los autores del artículo que citamos al principio: “la pertenencia a un grupo de aprendizaje unido puede ayudar a los miembros a asumir el control de su propio aprendizaje. (…) El aprendizaje aquí es contemplado en un sentido constructivista como “relativo a la forma en que los alumnos organizan sus conductas y experiencias para producir cambios que ellos mismos valoran” (Thomas y Hari-Augstein, 1985)- en este sentido, los grupos son como trampolines, pistas de entrenamiento para el aprendizaje autónomo y continuo”.

En palabras de Stevick: “El éxito depende menos de los materiales, las técnicas y los análisis lingüísticos, y más de lo que sucede dentro de cada persona y entre las personas que están en el aula”.

Para profundizar

DÖMYEI, Zoltán y MALDEREZ, Angi. “El papel de la dinámica de grupos en el aprendizaje y la enseñanza de lenguas extranjeras”. En ARNOLD, Jane. La dimensión afectiva en el aprendizaje de idiomas. Madrid: Cambridge University Press y Edinumen, 2000.