Es importante hacer una reflexión sobre lo que es ser líder. Más aún cuando cada día somos medidos por velocidad de acción y eficiencia, que son vitales para el éxito en el mercado laboral. Ser líder es unir y guiar a las personas en medio de la urgencia del “hoy”, con las perspectivas y metas del “mañana” y el aprendizaje del “pasado”. Es un ideal que podemos abrazar con la misma pasión de don Quijote, pues las diferencias y los obstáculos que el mercado laboral nos impone generan nuevas ideas, proyectos y resplandecen zonas ocultas que individualmente no son visibles, como en varias situaciones de este personaje universal y tan actual.

Diversos valores que caracterizan a don Quijote son muy actuales, con lo cual osamos comparar a su protagonista a un jefe o gerente. Ese jefe vive en un mundo de desafíos, luchas, descubiertas, sueños, conquistas, desilusiones que podemos relacionar directamente a las hazañas de nuestro hidalgo,  que cada día lucha, conquista, se desilusiona, en busca de un amor o de un ideal.

Cuando tomamos como ejemplo algunas de las aventuras del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha y su fiel escudero Sancho Panza, podemos pensar que se tratan de un jefe y su colaborador. Don Quijote transmite una fe máxima en un ideal de conquista; muchas veces, eso nos lleva, sin duda, a entrar a ese mundo de manera apasionada, creativa, innovadora y organizada. Es decir, se trata de aportar lo mejor de uno mismo en una situación puntual, y muchas veces actualísima, de una corporación o de la vida, y creo en las sutilezas de esa pasión sin reservas, que nos lleva al exterior de nuestras propias fronteras y con el conocimiento del punto de vista de las personas que están alrededor nuestro.

Abundan los ejecutivos que actúan como don Quijote contra los molinos de viento, sin escuchar opiniones, que eventualmente son muy oportunas y le ofrecen una perspectiva muchas veces mejor que la suya para la resolución de algunos desafíos que tienen delante. Uno, en algún momento, se dará cuenta de lo poco que cuesta escuchar y, por otro lado, de lo demasiado que pagamos como empresa por dejar de hacerlo. Cuando los problemas de comunicación a nivel gerencial se manifiestan, es cuando muchas corporaciones se dan cuenta de la necesidad de tener la ayuda de expertos y colaboradores.

Sancho Panza asume el papel del “colaborador”, intentando hacerse entender, pero en su mundo murmurador, don Quijote, como “jefe”, no se da cuenta de lo importante que es saber escuchar a los demás. Es posible que pocos colaboradores tengan el valor de expresarse delante de sus jefes, sin embargo, podemos estar seguros de que, si llegan a hacerlo, al menos sus jefes se lo van a pensar. Y seguramente el resultado será muy positivo.

Por fin, cualquiera que haya sido lector del Hidalgo, no solo en la adolescencia sino también en la edad adulta, se habrá sorprendido ante la actitud de alguien que creaba las pasiones que le hacían moverse, movilizaba a otros para que lo siguieran, que en lo surreal de sus devaneos encontraba un propósito para seguir luchando y conquistando espacios.