Uno de los grandes miedos de los ejecutivos alumnos de español es el día en que tendrán que hacer una presentación en ese idioma. La primera cosa que hacen es avisarle al profesor y pedirle clases extra. ¿Cómo proceder frente a esta demanda urgente y angustiada?

La primera cosa importante para hacer con el alumno es tranquilizarlo y conversar con él para fijar las pautas sobre cómo vamos a preparar esa presentación. ¿Es necesario que hable en español? ¿Se siente seguro para hablar y responder a las preguntas que se le hagan en ese idioma? Decidir el primer aspecto conjuga varios factores que no dependen totalmente del alumno: las costumbres de la empresa, la expectativa de los jefes, el público al que está destinada, el tamaño y la (in)formalidad del evento, la fluidez en la lengua y la sede del evento, entre otros. Si se la va a hacer en Brasil, me parece que la etiqueta recomendaría el uso del idioma de los anfitriones para respetar a todos los asistentes locales, excepto que todos los presentes sean oriundos de países en que se hable español. Normalmente, partiendo de la realidad de un alumno con un desempeño medio en la lengua (no precisa tener un nivel avanzado, dejemos ya eso claro), le pido que responda a esa pregunta una vez que terminemos la preparación.

El segundo paso es preparar un Power Point todo en español por varios motivos: va a servir de guía tanto para el público como para quien presenta si decide hablar en español y es una muestra de respeto hacia los espectadores si se realiza en otro país. En el caso de que la sede sea en Brasil y haya público local y público de lengua hispana, volviendo una vez a las normas de etiqueta, lo ideal sería presentar dos archivos idénticos, uno en español y otro en portugués.

La base de las diapositivas debe ser preparada por el alumno en portugués para lograr la mayor precisión posible en lo que se quiere exponer y transmitir. Prepararlo directamente en español es algo reservado solamente a alumnos de nivel avanzado. A medida que los diferentes temas van quedando plasmados en los slides, ya se los puede ir traduciendo. Esto es muy útil porque, si esperamos que estén todos listos, nos va a quedar poco tiempo para preparar la parte oral. Lo ideal es fijar la cantidad de clases necesarias para hacer un trabajo conjunto de traducción entre alumno y profesor, de manera tal que aprovechemos la redacción para entrenar la destreza escrita, ver las dudas del alumno, corregirlas explicando el porqué y mostrarle algunas diferencias entre las dos lenguas que surgen claramente en el pasaje de una lengua a la otra. Un ejemplo sería el predominio de las oraciones pasivas perifrásticas en el portugués que, en la gran mayoría de los casos –no en todos–, van a “sonar mejor” en español usando las oraciones pasivas con “se”. Si el alumno nos manda la presentación en portugués y simplemente se la devolvemos traducida, poca va a ser la utilidad que va a tener en su aprendizaje.

La confección en conjunto de las diapositivas trae la ventaja adicional de que las dudas que nos surjan como “espectadores en lengua extranjera” pueden preanunciar preguntas que el público va a hacer. Un ejemplo sería la cita de instituciones brasileñas mediante el uso de su sigla: siempre es conveniente hacer una llamada al pie con la aclaración del nombre completo y, eventualmente, de alguna explicación somera sobre su función. Otro ejemplo sería la alusión a algún elemento de la cultura local, por ejemplo, la presencia constante del arroz con frijoles en las mesas brasileras como plato básico, que debería ser explicado a los presentes si queremos traducir la expresión arroz com feijão usada metafóricamente como sinónimo de algo de consumo habitual

El último paso de la elaboración de las diapositivas sería una revisión final a nuestro cargo que sugiero realizar fuera de la clase para poder replantearnos algunas dudas que nos puedan haber surgido durante la confección y para ver la presentación con una mirada “nueva” y “total”. ¿Por qué “nueva”? Porque cada vez que tenemos contacto con un texto que redactamos o ayudamos a redactar se nos ocurre una idea mejor o el cambio de una palabra o expresión. ¿Por qué “total”? Porque expresiones o palabras que nos sonaron adecuadas en el contexto de la clase en que el alumno nos está explicando lo que quiere decir, pueden parecer menos apropiadas al verlas aisladas, fuera de esa conversación y dentro de toda la presentación, que debe tener sentido en sí misma y puede ser mandada por correo electrónico a todos los interesados en el evento –participantes o no– como complemento.

Hasta aquí vimos la elaboración del Power Point en español. En la próxima publicación me voy a referir a la preparación de la parte oral de la presentación.