Las recientes noticias sobre cantautores que leo en la prensa (premio Nobel de Literatura para Bob Dylan; muerte de Leonard Cohen) me traen a la mente a Javier Krahe (1944-2015), uno de los cantautores españoles más importantes de las últimas décadas, mucho menos conocido en Latinoamérica, en todo caso, que su gran amigo Joaquín Sabina.

Muchos fans de Sabina, escarbando hasta sus orígenes musicales, encontramos a Krahe primero en el álbum Joaquín Sabina y Viceversa (1986) interpretando su polémica canción “Cuervo ingenuo”, y ahondando aún más llegamos al disco de culto La Mandrágora (1981), en el que Krahe compartía el escenario de un bar madrileño con Joaquín Sabina y Alberto Pérez y cantaba la desternillante “Marieta” o el dolido alegato contra la pena de muerte que es “La hoguera”.

Muy identificado con el cantautor francés Georges Brassens, al que llegó a traducir con mucho acierto (“La tormenta”, “Marieta”), Krahe solía incluir el humor como componente esencial de sus canciones, que son, además, muy a menudo, verdaderas narraciones muy divertidas en las que no falta algún toque picante levemente escandaloso (“Villatripas”, “Don Andrés Octogenario”, “Vecindario”). Aunque no era un gran cantante, sí que conseguía ser un excelente intérprete de sus canciones, y con sus gestos y modulaciones de voz potenciaba la comicidad de sus letras. El contraste entre el español culto y los giros coloquiales y vulgares es otro recurso muy efectivo al servicio del humor muy habitual en sus canciones.

Krahe le daba una gran importancia a la rima y a la métrica, y se consideraba a sí mismo un “letrista” más que un cantautor, de manera que sus letras, desprovistas de música, se leen como poemas de alta exigencia estética. No es de extrañar que acaben de publicarse todas sus letras en forma de libro bajo el título Zozobras completas.

Por su dificultad, Krahe es un desafío adecuado para estudiantes de nivel avanzado y superior, y una buena explotación en clase podría ser, por ejemplo, emplear alguna de sus canciones feministas (“¿Dónde se habrá metido esta mujer?”, “Como Ulises”, “El dos de mayo”) para introducir y estimular el debate.

Evidentemente, Krahe es lo contrario de una estrella del pop. Pero, ¿qué puede significar eso? Frente al endiosamiento, la espectacularidad y los prodigios vocales de las pop stars, Krahe canta bajito y burlón en pequeños locales. Krahe apenas canta, casi cuenta. Se mueve en el misterioso límite entre el recitado y la canción. Pero no por ello deja de ser una figura de primer orden de la cultura española contemporánea. Javier Krahe es un artista de cortísimo aliento y larguísimo alcance.

Hoy en día, además, plataformas en internet como Spotify o Deezer permiten que buena parte de sus canciones resulten accesibles, gratuitamente, desde cualquier lugar, con lo que la escasa voz de Krahe llega ahora a todas partes.

Una y otra vez, Sabina lo presentará así:

“Ahora viene el ínclito, maravilloso, el de los dedos vertiginosos, ¡el rock duro de Javier Krahe!”

https://www.deezer.com/artist/76676