Cuando llegué a Brasil en 1962, proveniente de Rumania, mis padres tuvieron que traducir nuestros documentos para que pudiéramos radicarnos aquí.

Hoy sigue siendo así: el que pretende vivir (legalmente) en otro país debe pasar por algún sector de inmigración y solicitar la permanencia. Si se la conceden o no, es otro problema: depende de las leyes de cada país, en cada momento. Pero de cualquier manera, hay que traducir los documentos.

No cualquiera está autorizado a traducir documentos oficiales (certificados, contratos, actas, poderes, etc.), por más que conozca el idioma extranjero: tiene que ser alguien nombrado por el gobierno de su país. Y así, mi familia tuvo que acudir a un traductor jurado.

En 1962, el traductor que nos atendió estaba habilitado a traducir noruego, rumano, italiano, griego, inglés, francés… eran ocho idiomas, no recuerdo los otros dos… Seguro que el pobre hacía lo mejor que podía, pero, ¿cómo serían las traducciones? ¿Quién puede conocer bien términos técnicos, jurídicos, científicos, contables, etc., en ocho idiomas? (No existía el Google Traductor en ese entonces, y por más que exista hoy, ¿quién se atreve a traducir el fallo de un juez, por ejemplo, a un idioma que no domina?).

Desconozco cuál habrá sido el criterio para nombrar a los antiguos traductores, pero alguien se debe de haber dado cuenta de que algo no andaba bien, y, en 1980 se convocó en São Paulo un concurso para seleccionar a nuevos traductores y reglamentar la actuación del “traductor público”.

Los candidatos se sometieron a pruebas escritas y orales y ya nadie logró ser traductor en ocho idiomas.

Veinte años después, en 1999, hubo otro concurso similar en São Paulo, porque obviamente ya faltaban traductores en el mercado. Otros Estados de la Federación hicieron lo mismo. Y hoy hay traductores jurados en todo Brasil, pero no en todos los idiomas.

Y esto se debe, principalmente, a que Brasil tiene escasas relaciones con algunos países como Croacia, por ejemplo, luego, no hacen falta traductores de croata.

Cuanto más relaciones con el país extranjero, más trabajo para los traductores.