Forma parte del trabajo de un profesor de lenguas extranjeras, en la actualidad, dar voz en clase a distintas comunidades que hablan esa lengua. Más que eso, se trata de una oportunidad singular tanto para uno mismo como para nuestros alumnos. Supone, la mayoría de las veces, salir de lo trillado e ir cada día más allá, crecer en el conocimiento de la multiplicidad de universos en los que circula el español, en nuestro caso. Alguna vez nos habremos pillado aferrados a nuestra carpeta de textos, que ya sabemos que nos sirven, que se nos dan bien en clase pero tal vez puede resultar por desgracia que esa comodidad nos quite el derecho a conocer otros textos, que van surgiendo cada día, por ejemplo, en internet. Allí a diario hay nuevas voces que se expresan en español y dicen contenidos nuevos.

Nos toca a nosotros profesores de lenguas dar a conocer la multiplicidad de manifestaciones en la lengua con la que trabajamos. Y hay que ir más allá del indispensable trabajo con la diversidad de géneros discursivos porque –nunca está de más recordar– el concepto de diversidad es mucho más amplio. Ante el dinamismo de los medios electrónicos, podemos acceder a noticias de prensa local con información cotidiana que traen historias de vida de habitantes de países poco representados en nuestros medios tradicionales, como pueden ser Guatemala, Honduras o Guinea Ecuatorial, para dar tres ejemplos. Una vez que en dichos medios a menudo solo se comenta de esos países para hablar de “exotismos” o de catástrofes naturales, ¿no sería interesante instar a los alumnos a conocer qué sucede allí, qué dicen, qué piensan de su situación y del mundo algunos habitantes de esos países, que los medios tratan como rincones olvidados?

Elegir textos es recortar el mundo que vamos a presentar a los alumnos. Un profesor que ve la cuestión de las lenguas en perspectiva intercultural debe asegurar que en su clase estén presentes textos de las más diversas procedencias geográficas. Y que la procedencia de los textos sea un dato importante en el momento de comprender los enunciados en clase.

Otra diversidad que se debe tener en cuenta en el momento de elegir textos es la de los grupos que se expresan. Dar siempre la voz al mismo grupo en distintos países es dar a conocer solo una cara de sociedades que son complejas y polifacéticas. Más allá de la diversidad de géneros y la geográfica, sin asirnos necesariamente al ámbito individual, hay voces de izquierda, de derecha, situación, oposición, además de los diversos grupos minoritarios y tribus urbanas que se expresan a diario, cuyos enunciados representan los distintos grupos que conforman el tejido social. Al ofrecer a los alumnos el contacto con algunas de esas manifestaciones, contribuimos a que estos tengan una visión más amplia y menos estereotipada de las comunidades hablantes de español.

El dar lugar en clase a manifestaciones de distintos hablantes de la lengua con la que trabajamos no es tan solo una posición política del profesor de lenguas, sino principalmente un eficaz recurso didáctico, que es el de permitir el encuentro entre culturas, hábitos y actitudes, que solo puede enriquecer el dominio verbal de los estudiantes y las dimensiones pragmáticas de la enseñanza.

La clase de lengua extranjera es el lugar más adecuado para el trabajo intercultural, que puede llegar a ser singular. Somos capaces de abrir en clase la ventana –quizás, mágica– que da a otros mundos, otras realidades. Una labor indispensable en los tiempos que corren, en un mundo cada vez más plural y heterogéneo.