Más tarde o más temprano, todos los manuales de español dedican un espacio a las emociones. No podía ser de otra manera, ciertamente, pues los sentimientos no solo forman parte de la naturaleza humana, sino que los últimos avances en Neurociencia van reforzando la idea de que la mayor parte de nuestras decisiones vienen determinadas por impulsos emocionales, cabiéndole a la razón un papel nada estelar de gestora de las pasiones. O sea, que aquel animal racional del que hablaba Aristóteles es tan fantástico como los dragones o los hipogrifos y nadie lo ha visto con sus propios ojos, porque, lo que es el hombre, de “racional” tiene poquito.

En los libros se comienza trabajando la expresión de agrado y desagrado, suele profundizarse con rasgos de carácter y estados de ánimo, y en niveles avanzados se amplía el vocabulario a las emociones más sutiles.

Algunos autores de manuales parecen basarse en clasificaciones como la de Goleman, que en un apéndice de su famosísimo libro La Inteligencia Emocional recoge las siguientes familias de emociones (que espero le sirvan a algún profesor):

IRA: rabia, enojo, resentimiento, furia, exasperación, indignación, acritud, animosidad, irritabilidad, hostilidad y, en caso extremo, odio y violencia.

TRISTEZA: aflicción, pena, desconsuelo, pesimismo, melancolía, autocompasión, soledad, desaliento, desesperación y, en caso patológico, depresión grave.

MIEDO: ansiedad, aprensión, temor, preocupación, consternación, inquietud, desasosiego, incertidumbre, nerviosismo, angustia, susto, terror y, en el caso de que sea psicopatológico, fobia y pánico.

ALEGRÍA: felicidad, gozo, tranquilidad, contento, beatitud, deleite, diversión, dignidad, placer sensual, estremecimiento, rapto, gratificación, satisfacción, euforia, capricho, éxtasis y, en caso extremo, manía.

AMOR: aceptación, cordialidad, confianza, amabilidad, afinidad, devoción, adoración, enamoramiento y ágape.

SORPRESA: sobresalto, asombro, desconcierto, admiración.

AVERSIÓN: desprecio, desdén, displicencia, asco, antipatía, disgusto y repugnancia.

VERGÜENZA: culpa, perplejidad, desazón, remordimiento, humillación, pesar y aflicción.

De todas formas, el propio Goleman afirma que esta lista no es suficiente, y que existen muchas más emociones que palabras. Además, el famoso psicólogo reconoce que los especialistas no terminan de ponerse de acuerdo acerca de lo que son exactamente las emociones.

Desde la Lingüística podríamos recordar que el signo es arbitrario, que el término “emoción” no tiene que responder necesariamente a una realidad discreta (como sí ocurre con “cobre”, “Júpiter” o “manzano”), que la palabra existía antes de que la Psicología empezara a estudiarla, y que el hecho de que la repulsión ante cierta comida se considere una emoción, y no ocurra lo mismo con el apetito que despierta otro plato, solo se explica por convenciones culturales que resultaría interesantísimo estudiar.

Al fin y al cabo, ¿qué diferencia una emoción de otras sensaciones? ¿Hay emociones universales y otras locales? ¿Y pueden ser históricas, cambiar con el tiempo? En resumen, ¿las emociones son naturales o culturales? ¿Son traducibles?