En mi post de este mes, me gustaría tratar de los estilos de aprendizaje y  qué aporta ese conocimiento a nuestra práctica docente.

Cada uno de nosotros, al aprender, echa mano de sus propias estrategias o conjunto de estrategias y no aprende de la misma manera ni con el mismo ritmo. Así,  al observar  los grupos de participantes, por ejemplo, notamos que aprenden de modo distinto, tienen sus propios trayectos de aprendizaje y dudas, pueden avanzar más en determinadas áreas que en otras. Es por eso que notamos que los alumnos demuestran sus preferencias, sea con respecto a las actividades y tareas que van a ejecutar, sea con respecto a las interacciones o formas de trabajo en las que participan, como son las individuales o grupales, sea con respecto a las estrategias empleadas o sobre los contenidos y aspectos lingüísticos que desean estudiar.

Los estilos de aprendizaje constituyen diferentes enfoques o formas de aprender, se refieren al modo particular en que cada uno lleva a cabo los procesos de adquisición y aprendizaje, en concreto, se asocian a las variables individuales que inciden en el desempeño de los aprendices.  Así, considerándose cómo los aprendices seleccionan la información que reciben, o sea,  el tipo de percepción, se distinguen entre alumnos visuales, auditivos y táctiles (o quinestésicos) y teniendo en cuenta cómo la organizan y la relacionan se distinguen entre alumnos activos, teóricos, reflexivos y pragmáticos.

Los estilos de aprendizaje, a su vez, se relacionan estrechamente con una visión activa del aprendizaje. Pero no es una mera herramienta clasificatoria de los alumnos, encasillándolos  en  categorías inmutables y fijas, pues los sujetos pueden elegir entre los varios estilos de acuerdo con el contexto de aprendizaje. Por un lado, los estilos de aprendizaje nos ayudan como marcos de actuación de los sujetos, al indicar lo que sería una tendencia en el empleo de determinadas estrategias, un conjunto empíricamente observable de conductas por parte de un individuo concreto o por parte de un grupo de individuos. Por otro, nos permite observar lo que serían unas cuantas preferencias, maneras preferidas por los sujetos para estudiar y aprender.

En el aula, coexiste una variedad de estilos de aprendizaje.  De ese modo, el concepto de estilos de aprendizaje, sea para los estudiantes, sea para los profesores, es fundamental ya que puede proporcionar una mejor comprensión de cómo uno aprende de manera más eficaz y cómo el profesor puede elaborar pautas de actuación que permitan atender a los diferentes estilos de aprendizaje en clase.

De ahí, la importancia de ayudar a cada estudiante a descubrir cómo aprende, o sea, cuál es su mejor forma de aprender.

Por lo tanto, es fundamental tener consciencia de la existencia de dichos estilos, con la finalidad de echar mano de lo que pueden facilitar o potenciar en el aprendizaje.