En el afán por trabajar concentrados en las destrezas y conocimientos necesarios para salir bien en las pruebas de comprensión de lectura típicas del ENEM, con frecuencia las destrezas orales se dejan a un lado, aunque al final no es raro que se escuchen quejas o comentarios de preocupación por esa carencia en los cursos.

Hacer dictados en la lengua que se está aprendiendo es una técnica que el profesor puede implementar fácilmente y con buenas posibilidades de control ante cada circunstancia, pues elige el momento, la duración, el tema y el nivel de dificultad. Inclusive, ante la falta de otros textos, se puede hacer dictados usando los propios textos que están en el libro de los alumnos.

La semana pasada quise mostrarles a mis alumnos, futuros profesores de español, una de las variantes de dictados que a mí más me gusta. Se trata del dictado de corre-corre (running dictation en inglés) que también es conocido como dictado de pared.

La técnica es muy sencilla.

Se escoge un texto, generalmente una canción o poema musicalizado, que no sea demasiado complejo, y se fija la hoja impresa con el texto escogido en la pared, a algunos metros de distancia de los alumnos, de forma que quede a la altura de los ojos de ellos estando en pie. Si el grupo es grande, se puede pegar más de una hoja en lugares diferentes de la sala, de forma que todos tengan acceso más o menos fácil y a una distancia igual de cada lado.

Los alumnos se dividen en parejas por el método que el profesor entienda más adecuado, de forma libre al gusto de los alumnos o repartiendo de manera aleatoria pequeños papelitos duplicados con cada número, de forma que encuentren a quien le tocó el mismo número.

La tarea es la siguiente. Un miembro de cada pareja deberá ir al texto fijado en la pared más próximo y leer el texto, almacenar en su memoria lo que es capaz de recordar, que por lo general es una o dos frases, y llegar hasta su compañero para decirle en voz baja lo que está escrito en el texto que recuerde. Deberá volver al texto para leer las partes y repetir el proceso hasta que termine de dictar a su compañero la primera mitad del texto que le corresponde.

En ese momento se cambian rápidamente las funciones y el alumno que antes dictaba se queda en el lugar de quien escribía, mientras el segundo alumno ahora tiene que ir hasta el texto para poder decirle a su compañero las partes que faltan hasta completar el dictado.

Se puede instruir a los alumnos para que la primera pareja que termine levante la mano. Así se le imprime a la actividad un matiz lúdico por medio de una competencia agradable.

Al término de la actividad los alumnos pueden ir hasta la pared para revisar los textos escritos y resolver las posibles incorrecciones.

El profesor puede hacer después otras actividades con la canción o simplemente pueden terminar escuchándola o cantándola en la clase o en sus casas.

Obviamente que debe haber ciertas condiciones para que pueda ser realizada la actividad, pero ese tipo de dictado lo he usado en muchas ocasiones con varios tipos de alumnos y siempre con buenos resultados. Otros tipos de dictados también los uso con bastante frecuencia en los cursos de todos los niveles.

Como podemos imaginar, con una actividad de ese tipo el alumno pone en práctica numerosas destrezas y, a la vez, el profesor deja de ser el centro de la enseñanza pasando la responsabilidad de la tarea a los propios alumnos.

Una recomendación es que se enseñen los signos de puntuación previamente, pues ese conocimiento será usado en los dictados.

Aquí les dejo la imagen del último ejemplo que he usado con mis alumnos adultos. Con ese texto, la actividad principal no demora más de 12-15 minutos.

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¿Has tenido alguna experiencia con este u otro tipo de dictado?