Sobre la difícil tarea de motivar a nuestros alumnos y lograr la automotivación

 

Hace unos días me encontré con un amigo que había ganado una beca para estudiar en Buenos Aires. Le pregunté cómo le había ido, y todo lo que me contó me llevó a escribir esta entrada.

Vale aclarar que él también es profesor de idiomas, por eso, tiene más elementos para criticar las clases que tuvo. Pienso que, de manera general, somos demasiado críticos cuando nos ponemos en el papel de alumnos, nos pasa a todos. Sin embargo, sus comentarios me llevaron a pensar en mis clases, en las de mis colegas y nos pueden servir para analizar nuestra práctica; y si nos parecemos en algo a ella… cambiémoslo a tiempo.

Resumo sus palabras: La profesora parecía cansada, desmotivada. Estuvimos haciendo los ejercicios del libro, de punta a punta. Nada extra, nada fuera del guion que le daba el libro. Me pregunto por qué da clases de español, dijo que no le gustaba el cine argentino, ni la televisión, ni las series, mucho menos la música, no tenía ningún autor para recomendar más allá de Borges y criticó, a más no poder, al gobierno, a la ciudad y la sociedad argentina como un todo.

Entiendo que para dar clases de una lengua no necesariamente nos tiene que “gustar” el cine, la música, la literatura, el gobierno, todo. Mi amigo apuntaba a algo que comparto: aprender una lengua incluye aprender o apreciar su cultura. Aunque no nos guste nada y soñemos con el aeropuerto de Ezeiza, deberíamos ofrecer las herramientas para que nuestros alumnos accedan a todo lo que buscan acceder cuando se disponen a estudiar la lengua que enseñamos.

Todos pasamos en algún período de nuestra carrera por momentos de desgano, desmotivación, quejas, condiciones laborales precarias, entre otros males.

Me puse a leer sobre la motivación y encontré trabajos que nos pueden ayudar.

Un aspecto clave para alcanzar nuestra motivación y la de nuestros alumnos es la definición de objetivos. Si no nos planteamos adónde queremos llegar, andaremos sin rumbo y no llegaremos a ninguna parte, o aunque lleguemos a algún lado, no tendremos sentido de progreso ni de logro.

Estudios hechos con alumnos universitarios plantean que si observamos las características más salientes de los profesores motivantes, encontramos la presentación clara de objetivos, el propiciar mayor autonomía por parte de los alumnos y el presentar claramente la utilidad de los contenidos a trabajar.

Dicho de otra forma, la instrumentalidad es otro aspecto importante para la motivación del aprendizaje. “Si no se percibe la utilidad de lo que se ha de aprender, el interés y el esfuerzo tienden a disminuir en la medida en que el alumno se pregunte para qué le sirve saber lo que se pretende que aprenda” Boneto y Calderón (2014).

Los mecanismos que generan la motivación parecen constituir un círculo virtuoso. Cuando el profesor decide los tipos de tareas que se llevarán a cabo, la forma de evaluar el desempeño, la autonomía que tendrán los alumnos en cada etapa, motiva a sus alumnos al aprendizaje. Como consecuencia, la motivación del grupo contribuye con nuestra automotivación.

“Así como señalan Pintrich y Schunk (2006), los profesores influyen en la motivación y el aprendizaje de sus estudiantes a través de su planificación e instrucción y, a su vez, la manera en que los estudiantes reaccionan provoca en los profesores modificaciones que, ellos entienden, afectarán de mejor manera la motivación y el aprendizaje”. Boneto y Calderón (2014).

Por otra parte, estos cambios solo se logran por medio de una reflexión sobre la propia práctica docente. Si la misma no se da de manera institucional, el recurso sería recurrir a compartir experiencias con nuestros colegas.

Los autores que consulté hablan de multidimensionalidad de la motivación. Se refieren a que si nos preguntamos qué les pasa a nuestros alumnos que no están motivados, nos puede llevar a preguntarnos qué estamos haciendo nosotros para que los alumnos no estén motivados. Esta reflexión nos puede llevar a comprender la complejidad de la multidimensionalidad de la motivación y a pensar sobre nuestra responsabilidad con el aprendizaje de nuestros alumnos.

Yendo a lo más práctico, entiendo que nos puede ayudar mucho, a la hora de evaluar nuestra actividad docente, escuchar o leer qué características privilegian nuestros alumnos. El texto de D’Alessio que recomendamos más abajo, es un trabajo exhaustivo y premiado de consulta a alumnos universitarios.

Entre las actitudes más valoradas están las de aquellos profesores que:

  • Responden las preguntas de sus alumnos. (interpreto que valoran el diálogo con el profesor, el interés y el intercambio)
  • Exponen claramente. (interpreto que valoran la preparación de la clase)
  • Muestran entusiasmo / compromiso con su tarea docente.
  • Despiertan el interés de sus alumnos por la asignatura.

Referencias

BONETO, V. y CALDERÓN, L. La importancia de atender a la motivación en el aula. Febrero de 2014. Disponible en: https://psicopediahoy.com/importancia-atender-a-la-motivacion-en-aula/ Consultado el 19/01/15.

D’ALESSIO, A. Las competencias del docente ideal.

Disponible en: https://intersecciones.psi.uba.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=53:las-competencias-del-docente-ideal&catid=11:alumnos&Itemid=1

Consultado el 20/01/15.