Quisiera agradecer a la Editorial Santillana la invitación que me han hecho para participar en este blog. Creo que resultará en un espacio de diálogo y de reflexión acerca de temas que nos interesan a todos y que forman parte de nuestra realidad como profesores y como aprendices de español. Mis comentarios se volcarán hacia los distintos aspectos de la formación de profesores y, en especial, los concernientes a la didáctica y a los procesos de enseñanza y aprendizaje.

Cuando empecé a estudiar idiomas recuerdo la ansiedad y el miedo que tenía al hablar, y que muchas veces se me escapaban las palabras y me faltaba el aire. Al leer un texto, deseaba hacerlo sin pausa, sin problemas y sin dificultades de comprensión. Leía, pero no comprendía. Al hablar pasaba lo mismo: un sentimiento de verdadero pánico, de que el mundo iba a hundirse si mi desempeño no resultara perfecto y luego una tremenda frustración por el resultado. Y delante de esta situación la pregunta: ¿por qué el miedo frente al error?

Muchos años han pasado desde mi experiencia como estudiante de idiomas y otros años como profesora y formadora de profesores y observo que el error sigue siendo tema de discusión y que muchos aprendices sufren a causa de él. Desafortunadamente la visión negativa del error, asociada a la penalización, al fracaso o al miedo, ganó fuerza y tiene repercusión en la enseñanza y en el aprendizaje. Y, por lo tanto, me gustaría tratar de este tema y compartir algunas ideas que expongo a continuación.

La forma de ver los errores tiene relación con el enfoque y la metodología de enseñanza de idiomas que adoptamos, con nuestra concepción de lengua, de enseñanza y de aprendizaje. Así, si tomamos como centro el alumno y el desarrollo de sus habilidades y competencias, nos valdremos de una propuesta de enseñanza que buscará favorecer su autonomía y acción, de suerte que los errores formarán parte de dicho proceso y podrán favorecer la reflexión y el aprendizaje. Si consideramos relevante que los aprendices sean capaces de establecer interacciones significativas con los demás, con determinadas finalidades y objetivos, igual querremos valernos del error como elemento clave para el perfeccionamiento y formación consciente del alumno.

Además de lo antedicho, al aprender a comunicarnos en otra lengua y con otros hablantes en distintos contextos, no es raro que tengamos dudas. El aprendizaje de lenguas –y probablemente todos los procesos de aprendizaje– presupone que los participantes construyan conocimientos y que cambien sus perspectivas sobre el objeto que están aprendiendo, con lo cual, por lo tanto, cometen errores. De ese modo, los errores son necesarios, ya que estamos probando hipótesis y estableciendo rutas de aprendizaje. Este modo de mirar los errores presupone un modo distinto de comprender cómo aprendemos y cómo enseñamos. Presupone formas distintas de entender el error y el papel que juega en el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Siendo así, se trata de comprender que los errores nos dicen mucho sobre cómo estamos aprendiendo la lengua y sobre cómo la estamos enseñando; y el modo cómo enfrentamos los errores repercute en el proceso de enseñar y aprender. En este sentido, es importante reconocer que los errores tienen distintos orígenes y explicaciones, sea por desconocimiento de la forma adecuada, sea por la existencia de diferencias entre las lenguas, sea por problemas relacionados con la presentación de las nuevas formas o con el material didáctico y muchos otros. De modo análogo es necesario identificar los errores relacionados a la producción o a la comprensión (oral y escrita), al nivel en que se encuentran los aprendices y/o a la propia experiencia de aprendizaje de nuestros alumnos.

Sin embargo, ¿qué hacemos delante de los errores? ¿Qué corregir y cómo corregir? Son algunas de las preguntas que se nos ocurren. Si no se trata de destacar los errores o de ofrecerles a los aprendices la forma correcta sin ninguna explicación, ¿cómo intervenir en este proceso? Son preguntas que nos hacemos al considerar el error como parte del proceso y como algo que puede contribuir para el aprendizaje.

Sin la pretensión de agotar el tema, pienso que es fundamental tener claro que no se lo puede corregir todo, hay que seleccionar en qué aspectos se incidirá la corrección, y para ello es importante identificar de qué clase de error se trata y cómo ese error afecta la comunicación, el discurso y los textos. Permitir que los aprendices pongan a prueba sus hipótesis, que reflexionen sobre sus errores y sobre cómo funciona la lengua también puede contribuir para el aprendizaje; asimismo comprender que hay diferentes respuestas y que, aunque los aprendices hayan elegido una como acertada, puede haber otras más adecuadas para la situación en cuestión.

Como se nota, hay mucho que decir sobre los errores y sobre cómo nos dan preciosas pistas de la trayectoria de aprendizaje que recogen nuestros alumnos.

Sugerencias de lectura

BAPTISTA, L.M.T.R.; FERNÁNDEZ, I.G.M.E. La enseñanza de lenguas extranjeras y la evaluación. Arco Libros, Madrid, 2010.

COLL, C.; SOLÉ, I. et all. El constructivismo en el aula. Graó, Barcelona, 2007.

FIGUEIREDO, F.J.Q. Aprendendo com os erros. Uma perspectiva comunicativa de ensino de línguas. Goiânia, UFG, 2007.