Como hemos visto en mi texto del mes pasado, en su teoría, el lingüista norteamericano Stephen Krashen atribuye a los factores afectivos una considerable importancia, pues para él, esos factores están directamente relacionados tanto al proceso de adquisición/aprendizaje de una segunda lengua como a los resultados obtenidos a lo largo y al final de ese proceso.

La desmotivación del aprendiz, la alta ansiedad y la baja autoconfianza son elementos que pueden, según el investigador, dificultar la adquisición. Por otro lado, la adquisición será facilitada si hay condiciones psicológicas favorables (motivación, baja ansiedad y autoconfianza elevada). Para el autor, no es todo insumo el que consigue transformarse en adquisición debido a la existencia de lo que él denomina “filtro afectivo” definido como “el bloqueo mental que impide que los aprendices utilicen completamente para la adquisición del lenguaje el insumo comprensible recibido”. Eso significa que si el filtro afectivo está alto, “el aprendiz puede entender lo que oye y lee, pero el insumo no llegará al LAD (Dispositivo de Adquisición del Lenguaje).”[1]

Para el lingüista, los alumnos poseen un filtro afectivo bajo (y por lo tanto adquieren una segunda lengua con mayor facilidad y mayor eficacia) cuando no se preocupan con la posibilidad de no tener éxito en la adquisición de la lengua y cuando se consideran miembros potenciales del grupo que habla la lengua meta. Por otro lado, un alumno con un filtro afectivo alto (desmotivado, con gran ansiedad y baja autoconfianza), aunque sea expuesto intensamente a la lengua extranjera, no alcanzará un nivel lingüístico semejante al de un hablante nativo.

La situación ideal para la adquisición será, entonces, la existencia de un filtro afectivo bajo, que hará que el aprendiz esté tan focalizado en el mensaje que temporalmente olvidará que está oyendo o leyendo otra lengua.

Para Krashen, la existencia del filtro afectivo es la principal explicación para las diferencias individuales de aprendizaje, sobre todo entre niños y  adultos. Para el autor, aunque pueda existir desde la infancia, el filtro afectivo gana fuerza durante la pubertad y no volverá a alcanzar un nivel muy bajo.

Algunas preguntas me parecen esenciales antes de avanzar: ¿las diferencias individuales de aprendizaje están relacionadas a ese tipo de filtro? ¿Se relacionan a algo más? ¿Niños y adolescentes tendrían realmente filtros afectivos más bajos? ¿Por qué? Además de los tres aspectos mencionados por Krashen (autoestima, ansiedad y motivación), ¿se pueden incluir otros responsables por aumentar el filtro afectivo?


[1] KRASHEN, S. The Input Hypothesis: issues and implications. 4.ed. New York, Longman, 1985.