El mes pasado nos referimos a la preparación de nuestros alumnos ejecutivos para hacer presentaciones en español, específicamente a la elaboración del Power Point en esa lengua. Una vez terminada esa primera parte, sugiero hacerle al alumno nuevamente la pregunta sobre si quiere presentar oralmente en español, ahora que tiene toda la base de las diapositivas y de la conversación que fuimos construyendo sobre el tema en el momento en que las redactábamos. Para mi sorpresa, son más los que se deciden a hacerlo que los que no. Todo ese trabajo conjunto les da una seguridad que ellos mismos no creían tener.

Esta segunda parte consiste en un ensayo de la presentación que el alumno hace con el profesor. Va a usar como base las diapositivas preparadas, que serán la guía fundamental en la que se debe apoyar y en la que deben constar todas las palabras clave del tema abordado. Es muy útil elaborar un guion para el alumno en hojas de papel o en un archivo Word, slide por slide, en el que debemos dejar constancia de todas las expresiones sobre las que el alumno tenga dudas a la hora de expresarse oralmente, de todas las otras expresiones que podrían servirle dentro de ese contexto, de algunas reformulaciones de ideas que podrían serle útiles, de trucos sobre cómo pronunciar palabras difíciles (el más común es la pequeña pausa entre las sílabas con fonemas que les cuestan a los brasileños, por ejemplo, “régimen”, en el que una pequeña pausa después de la sílaba “re” los ayuda a pronunciar correcta y más cómodamente la sílaba “gi”), etc.

Es importante que en ese ensayo seamos un público no solo atento a la correcta pronunciación y expresión de las ideas del presentador, sino también interactivo en el sentido de ensayar las posibles preguntas que se le podrían hacer dentro del contexto y, por supuesto, sus respuestas, como forma de que, si algún espectador las formula, no sean una sorpresa para el alumno y ya tenga preparada una contestación adecuada. Esta tarea es fundamental que la hagamos con una postura de “abogados del diablo”, antigua figura del derecho canónico que cuestionaba las pruebas en favor de una canonización. Como el papel es difícil, debe ser ejercido con el máximo de tacto para que el alumno no se sienta cuestionado; se trata, simplemente, de hacerle las preguntas que podrían ser dudas de los oyentes o que sirvan para aclarar posibles contradicciones o poner en evidencia datos faltantes. Este papel es de una ayuda incuestionable: cualquier falta de consistencia en los datos es mucho mejor que sea detectada en la preparación que en la presentación…

Ese guion que preparamos durante el ensayo queda con el alumno para que pueda releerlo antes del día del evento. Es común que, una vez que esté todo listo, haya cambios de última hora a pedido de los organizadores, de los jefes o del propio alumno. Entonces, es importante que estemos a disposición para cualquier revisión de último momento del texto de las diapositivas que se modifique.

Comenzamos nuestro trabajo tranquilizando al alumno y debemos cerrarlo dándole el ánimo necesario, resaltando los puntos fuertes que tiene como presentador y haciéndole las recomendaciones necesarias –la menor cantidad posible– sobre los puntos débiles. ¿Por qué la menor cantidad posible? Simplemente porque con muchos consejos no va a prestar atención a ninguno de ellos, pero sí a uno o dos que sean muy importantes, además del apoyo que siempre debe significar nuestra figura para darle seguridad y confianza en sí mismo.

Por fin, no debemos olvidar el importantísimo feedback: pedirle que después de la presentación nos mande noticias por Whatsapp sobre cómo le fue y hacer una recapitulación en la primera clase después del evento sobre lo que salió mejor y lo que no salió bien y los porqués, para ver cómo podríamos subsanar esos problemas en futuras presentaciones. Nuestro mejor premio en toda esta tarea es que el alumno se sienta seguro y apoyado en un momento importante de su vida profesional.