Sobre la cocina y el respeto a la identidad en la clase de idiomas

La sala de profesores muchas veces nos ve descargando nuestros pesares. Allí decimos cosas que no podemos compartir en otros lugares, no nos entenderían…

Primer mes de trabajo desde mi regreso a la Argentina. Instituto de idiomas. Llega una compañera (un tiempo después nos hicimos amigas) enojada y ofendida. Más ofendida que enojada. Resulta que una alumna francesa le había dicho que el pan argentino era un asco. “¿Qué le pasa? ¿Vino para criticarnos? ¿Por qué no se va a comer pan a otro lado?”, decía algo así, mi memoria suaviza las palabras. Lo sentía.

Ella hablaba y yo mentalmente comparaba nuestros crocantes, tirando a duritos, miñoncitos con el gordo, suavemente crocante y esponjoso “pãozinho” de São Paulo… No digo que la francesa tuviera razón, el pan argentino no es un asco, es diferente, pero yo siempre preferí el de São Paulo. No se lo dije. ¡Se hubiera enojado conmigo!

A la distancia me doy cuenta de que siento lo mismo que mi amiga cuando escucho a mis alumnos, sobre todo a los europeos, tomar para sí discursos políticos que no conocen en profundidad, críticas que escuchan y repiten sin cuestionar.

En Brasil esto pasa en casi todos los niveles, pero en Argentina, los que damos niveles avanzados, muchas veces nos encontramos con comentarios muy críticos hacia nuestra ciudad, nuestra cultura, nuestra historia, nuestros representantes. Obviamente, debemos hacer un esfuerzo para mantener los objetivos de la clase y no entrar en polémica porque la clase no es el ámbito para eso. Podremos reflexionar juntos a partir de una lectura o una noticia, pero no necesariamente llegar a involucrarnos en la discusión. Confieso que me cuesta muchísimo.

Por otra parte, volviendo al tema original de este post, cuando una alumna suiza me dijo que la leche de acá tenía un sabor que parecía estar a punto de cortarse… me dolió.

Después de 5 años de aquella conversación en la sala de profesores sobre el pan… entiendo que la comida es mucho más que un sabor. Es identidad, sobre todo si se la ofende.

Por estas tierras, cada época tiene sus sabores, olores, colores. El 25 de mayo, día en el que celebramos nuestro primer gobierno patrio, Buenos Aires huele a locro, a empanadas fritas, a pastelitos de dulce. En Semana Santa, a bacalao a la cacerola. Los sábados, a asado a la parrilla. Los domingos, al tuco de las pastas. Los lunes, a la milanesa con puré. En los estadios de fútbol o en las manifestaciones en la Plaza de Mayo, a choripán.

Las delicias que dan título a este texto, la morcilla y los chinchulines, son ingredientes de la parrillada que con mucho gusto comemos los argentinos. La primera es un embutido de sangre cocida, condimentada con cebolla y especias y a la que suelen añadírsele otros ingredientes como arroz, miga de pan o piñones. Los segundos, son las tripas del ganado ovino o vacuno, trenzadas y asadas. Ante la explicación de lo que era cada cosa, muchos mozos y yo ya hemos escuchado y visto todo tipo de expresiones de asco. En este caso lo entiendo. Debe ser parecida a la cara que puse yo la primera vez que vi “um espetinho de coraçõezinhos de frango num rodízio”.

La cocina de un pueblo es su cultura, es el aroma que viene del pasillo del edificio, de la cocina, es la mamá revolviendo la olla. ¡Sabelo! Es sagrada e intocable.

Un plato puede no gustarnos, puede que hayamos probado algo infinitamente mejor, más fresco, más crocante, más sabroso pero nunca más auténtico que aquel del lugar donde jugamos de visitantes.

El mismo respeto que tenemos hacia las culturas que vamos conociendo debemos tener hacia su cocina porque, al final de cuentas, esta también es su manera de expresarse.

 

Les dejo algunas expresiones que usamos por aquí porque la comida está en todo. Les podemos pedir a los alumnos que conecten.

1. Cuando algo no nos interesa decimos…

2. Cuando hablamos de alguien que es muy bueno decimos…

3. Cuando hablamos de alguien que es acusado por algo que no hizo…

4. Cuando hablamos de alguien que cambió de opinión…

5. Cuando hablamos mal de alguien…

6. Cuando hablamos de alguien que es muy lindo o bueno o lindo y bueno…

 

a) ¡Es un bombón!

b) ¡Es un pan de Dios!

c) ¡Es un perejil!

d) ¡Es un salame!

e) ¡Me importa un pepino!

f) ¡Se dio vuelta como un panqueque!