En el post anterior hemos hablado de la creatividad, uno de los valores fundamentales que fomenta el Teatro en la Educación. Ahora me gustaría centrarme en la cooperación. Podríamos decir que este es un valor intrínseco que se adquiere a través de las dinámicas de clase ya que a los estudiantes jamás se les dirá que el objetivo de tal o cual actividad es la de “cooperar” sino que vendrá por añadidura.

En las clases de Teatro o Dramatización es muy común que el profesor plantee “juegos dramáticos” a partir de un objeto, una premisa, o una idea. Acto seguido se divide la clase en grupos y cada grupo deberá llevar adelante la actividad planteada. Se les concede un tiempo determinado para que los estudiantes puedan desarrollar la tarea, ensayar mínimamente, para luego hacer una representación frente al resto de la clase. Y es aquí donde la magia sucede, porque en primera instancia cada alumno intentará exponer su idea para que sea aceptada, pero acto seguido se dan cuenta que hay muchas ideas (una por cada miembro del grupo) y el tiempo se va agotando. Lentamente, empiezan a escoger una de ellas para representar. Esta decisión es la más difícil y es la que lleva más tiempo, pero una vez lograda, los alumnos cambian radicalmente su pensamiento porque luego de tener la idea escogida y consensuada, comienzan a nutrirla de otros nuevos pensamientos, acciones, imágenes, etc; en beneficio del grupo y comienzan a darle forma a esa idea primaria para convertirá en una “pieza teatral” que será representada frente al resto de los compañeros.

En este pequeño ejemplo, podemos observar cómo los alumnos cooperan entre sí para lograr un determinado resultado. Porque allí, proponen y aceptan; dan y reciben; ayudan y son ayudados, escuchan y son escuchados; y todo esto se da sin que ellos tomen conciencia de lo que está sucediendo realmente, porque su concentración está en la representación. Pero el profesor sí tiene que tener claro, que lo importante es el proceso y cómo esas dinámicas de grupo se comportan.