En este post quisiera compartir algunas ideas sobre la autonomía docente. Según Contreras (2002), el tema de la autonomía docente y la idea de su profesionalismo han sido muy recurrentes en los discursos pedagógicos, y para ese autor el término autonomía tiene distintos sentidos que cambian de acuerdo con el contexto y con la concepción educativa existente. De ese modo, no se puede tratar de la autonomía docente sin que se considere el contexto de trabajo — institucional y profesional— en el que los docentes desarrollan sus actividades. Así, por ejemplo, en un modelo o concepción técnica, la autonomía presupone competencia profesional, o sea, dominio y aplicación de un conjunto de técnicas y conocimientos. De ahí la necesidad o el énfasis en la calificación del profesor con la finalidad de que sea más autónomo, más competente. De acuerdo con este modelo, los profesores autónomos, por medio de la calificación, serían los responsables de la cualidad de su trabajo. Sin embargo, no se consideran factores externos e internos que interfieren en el aprendizaje, ya que toda responsabilidad es del profesor. Esta concepción, a su vez, viene reforzando el sentimiento de culpa por parte del profesor, ya que se le atribuye a él toda la responsabilidad de los resultados por detener el poder de decisión sobre su trabajo. Esa creencia en la autonomía del profesor basada en la competencia acabó por reforzar la idea de que el problema de la educación es un problema de competencias, o aun, de eficacia. Desde tal punto de vista, estamos delante de una “aparente” autonomía, pues se supone que la mejoría de la educación resulta de la suma de esfuerzos individuales, sin tener en cuenta las dimensiones políticas y la complejidad de todo el contexto educacional.

 

 

CONTRERAS, José. A autonomia de professores. São Paulo: Cortez, 2002. Tradução de Sandra Trabucco Valenzuela.