Cuando mis amigos brasileños van a Argentina, veo que también pasan por algunas situaciones cómicas.

Las preguntas se suceden: “¿Pero ustedes no se reúnen para ver los partidos del Mundial?”. En la plaza San Martín había algunas personas frente a la pantalla gigante que pusieron para transmitir el juego de Argentina. Curiosamente, entre los presentes, mis amigos brasileños debidamente camuflados, claro, con distintivos celestes y blancos y sin abrir la boca. He aquí lo inesperado: cuando un programa de televisión que transmitía en vivo el juego mostró a los hinchas, ¿a quiénes enfocó? Pues a los brasileños camuflados… Es una imagen que pasará a la posteridad de la familia de cada uno de ellos (“cuando papá y mamá estaban en Argentina hinchando por el seleccionado…”). Pero volviendo a los argentinos, es más común que veamos el partido cada uno en su casa. Si ganamos, cuando termina el juego, ahí salimos a la calle, generalmente en coche paseando con banderas y tocando bocina. Quizás por cábala, nuestro lado pesimista hace que no anticipemos el festejo.

Después del partido, un cafecito para reponerse del flagrante de la televisión argentina en una de las innúmeras confiterías que hay en Buenos Aires, prácticamente una en cada esquina. “Mozo, por favor, dos cafés y dos cortados” y cuando llegan trae también cuatro vasitos de agua con gas helada… “Vamos a matar la sed antes del café”.  ¡Nooo! En Argentina, el agua helada se toma después del café caliente. “¿Con el frío que hace?” Es que a los argentinos es el café, brasileño o colombiano, que nos da sed…

Para almorzar, son muchas las opciones. ¿Qué se puede comer rápido? Pizza, claro. ¿Pizza a la hora del almuerzo? ¡Nooo! La pizza se come a la noche, dicen ahora los brasileños. Pues en Argentina también es normal almorzar pizza. Para dirimir tal disyuntiva, tal vez un italiano… pero no les podemos preguntar porque ya volvieron a casa. De todas formas, debo admitir que la mejor pizza no se come ni en Buenos Aires ni en Nápoles, se come en São Paulo, aunque haya que esperar a la noche…