Vivir. Soñar. Soñar y volver a vivir. Buscar, elegir, idear, calcular, repasar, preparar, colocar, compartir, sentir, ponerme nervioso. Comenzar…

Madrugo, entreno, sudo, trabajo, trasnocho, entreno, descanso, o no. Sigo viviendo, vivo soñando. Entreno, entreno, entreno, me canso. Imagino, calculo, pienso, recuerdo, piel de gallina.

Partir, llegar, comer esto y no lo otro, beber, descansar, visitar, una foto aquí, un tuit allá. Pulso el ambiente, estudio el recorrido. ¿Qué hago nervioso? Lo sé y no lo sé; siempre es lo mismo. 71, 72, 73… Mis pulsaciones se disparan. Tensa espera. Ahuyento miedos; unos se van, otros se quedan. Me acuesto, no duermo, sin embargo, sueño…

Y llega el día.

Madrugo, bajo y desayuno, hablo con unos, con otros. Ellos, que están en mi barco, me entienden. Miradas que se cruzan. Termino.

Subo a la habitación, silente, y voy al baño (el único rincón, en ese momento, en donde tengo una estrecha capacidad de maniobra sin despertar al resto del pasaje). Veo un vídeo, sonrío y me motivo. Bebo agua, me visto. El ritual de siempre: misma ropa, mismos complementos. Me duele aquí, no falla. Silencio. Respiro. Tictac, tictac, estoy tranquilo y a la vez nervioso; que no se despierten. Miro la hora, me la sé de memoria. El tiempo no corre, vuela.

Es la hora y cuando voy a salir se despiertan, no falla.

Un beso, un abrazo, otro abrazo, los miro, ya saltan sobre la cama. Lo tengo todo, ¡qué afortunado! Me marcho y pienso que ya he ganado.

Llega el momento.

Mi sueño va cobrando forma. Allá, muy lejos, la gloria. Pienso en ella flojito. Y cuando oigo el disparo, miro al cielo, aquí estoy, he llegado, ¿me ves?, sonrío.

Vivir, pensar, sonreír, esquivar un charco o meter los pies en él. Mirar, ver, asentir, participar, buscar un cómplice, una mirada, un gesto, algo que me mantenga vivo. Una canción; aquel día, algún recuerdo, un instante… Algo me enciende, sonrío, grito. Otra canción… (Desde hace escasos meses les pongo notas musicales a mis kilómetros mientras lucho por mi locura).

Miro al suelo, no llego, me yergo, braceo, resuello, sonrío. 22, 23, 24… ¿Lo consigo? ¡Vamos que si lo consigo!

Me duele, no lo pienso, sigo. 28, 29, 30… Necesito un empujón, lo busco, lo encuentro: una frase, un momento compartido. Sonrío, no lo niego, te miro.

¿El muro? Si lo veo, lo salto y no lo esquivo. 32, 33, 34… Veo gigantes donde solo hay molinos.

Momentos duros en que mi cuerpo es solo un convidado de piedra; él no manda, ya no dice nada. Es el turno de la cabeza; su momento. Ella me llevará a la gloria, deseo, pues para eso la he entrenado: para volar, sentir, esquivar un dolor, superar un contratiempo, sonreír cuando mi cuerpo, exangüe, solo quiere llorar; para que me lleve al mar y el rumor de sus olas tome cada poro de mi piel, sal con sal. Yo sentado en la playa leyendo un libro frente a un ocaso no soñado, sí vivido, cuando mi cuerpo entero se aflige. 38, 39, 40…

La meta.

Gloria, recompensa, emoción no contenida, miro al cielo, te señalo, soy tuyo. Nada me duele. ¿Veis?, lo hemos conseguido. Sonrío, río, grito y lloro al mismo tiempo. Mi carne trémula por todo y por nada.

Esto es, para mí, desde la primera hasta la última palabra, correr un Maratón. (La mayúscula inicial es deliberada).

*Quizá me salgo de los temas que en este sitio nos ocupan, pero no; de viajes me dijeron que podía hablar y esto aquí descrito es un viaje maravilloso del que no me quiero bajar.