Hoy vamos a tratar de un tema muy polémico: la traducción en las clases de lengua extranjera. Desde el advenimiento de los enfoques de base cognitivista, como el comunicativo, la traducción no solo ha sido evitada sino también estigmatizada por los profesores. La traducción debería evitarse de todos modos en las clases de lengua extranjera, pues suponía un retroceso y una comprensión equivocada de la lengua.

De hecho, la traducción era una de las bases del método gramática-traducción, utilizado para la enseñanza de las lenguas clásicas, como el latín, pero que se siguió utilizando en la enseñanza reglada por décadas. El método focalizaba la producción y comprensión escritas, teniendo por base una concepción de lengua como estructura, y utilizando como modelo de lengua patrón los textos literarios. De esa manera, se alejaba de las concepciones que empiezan a orientar el trabajo en la enseñanza de idiomas a partir de los años 60, que planteaban la lengua en uso, el discurso real en diferentes situaciones de uso, con énfasis en la oralidad.

Obviamente, la entrada de los nuevos enfoques y paradigmas no supuso el desaparecimiento de la traducción como método o estrategia de aprendizaje en Brasil. Muchos profesores siguieron usándola en sus clases en las escuelas, pese a los esfuerzos de los educadores para que se incorporaran nuevas prácticas que consideraran los preceptos comunicativos y en las que la lengua se convirtiera en aprendizaje vivo para el alumno. Muchos de nosotros guardamos la memoria del aprendizaje del inglés en la infancia como la traducción de textos o listas de palabras o el fracaso de ese aprendizaje, por representar algo mecánico y desvinculado de significado.

Luego, si entendemos que ese modelo es ultrapasado, ¿por qué volver a hablar de él?

La verdad es que debemos considerar algunos aspectos antes de creer que se trata de volver hacia atrás. Lo primero es saber que nuestros alumnos nunca dejaron de traducir cuando no se sentían seguros o no sabían alguna palabra o para entender textos de canciones que les gustaban, o los textos y términos usados en los videojuegos a que están aficionados. Ese es un recurso importante que todos nosotros utilizamos de una manera u otra en la comunicación en lengua extranjera y no supone obligatoriamente entender la lengua como la simple transposición de palabras de un idioma a otro.

Otro aspecto importante es la llegada de los traductores electrónicos. Este tema es un cuchillo de doble filo: por un lado, se trata de una herramienta útil para la comunicación pero por otro, los usuarios tienen gran dificultad de adaptar dichas traducciones de manera a que se produzcan textos coherentes y buenas traducciones. Muchos alumnos todavía no son capaces de realizar la traducción y leer el texto de manera a verificar si lo que allí está tiene sentido. Ahí tenemos un espacio importante de discusión, sobre el que hablaremos en otra ocasión.

Por fin, la traducción replanteada por autores actuales, como Carvalho y Pontes (2014), se refiere más bien a la capacidad de entender que de traducir, sea de la lengua extranjera a la lengua madre o al revés; se trata, entre otros aspectos, de reconstruir sentidos de una cultura a otra. Para eso, debemos conocer la cultura del otro, respetar las formas de significar del otro, y en ese aspecto, activamos en el proceso diferentes habilidades, como la intercultural.

En la enseñanza del español, en especial, puede resultar bastante útil para revelar el mito de la transparencia del idioma o su “facilidad”. Actividades con diversos géneros escritos u orales pueden convertirse en un aprendizaje bastante rico, desde que el profesor entienda que no se trata de volver a los viejos paradigmas, sino, en realidad, abrir espacio a una reflexión totalmente distinta de la lengua y sus hablantes. En próximos artículos, presentaré algunos ejemplos de actividades. ¡Nos vemos!

 

Referencia bibliográfica

CARVALHO, T.L. de, PONTES, V. O. de. (Org.) Tradução e ensino de línguas: desafios e perspectivas. Mossoró: UERN. 2014.