Si bien la enseñanza de español en plataformas o entornos virtuales no es consecuencia del contexto Covid-19, diversas escuelas e instituciones que enseñan español como lengua extranjera se han visto obligadas a retomar sus actividades a través de la modalidad virtual, por lo que muchos profesores han tenido que familiarizarse con herramientas desconocidas en busca del valor agregado de la presencialidad: la interacción.

Pero… ¿es posible interactuar con los alumnos a través de la realidad virtual? ¿Es posible lograr su implicación y motivarlos en medio de tantas distracciones? Para José Manuel Foncubierta (2016), la motivación es la fuerza que debe llevar a la acción, lo cual pasa por adaptar, principalmente, los recursos y materiales en papel —también los digitales— a nuestros objetivos y a los contenidos que sirvan para el contexto de aula. Esto último, desde luego, requiere que el profesor de ELE de clases presenciales desarrolle nuevas habilidades digitales, o tenga competencia digital, con el propósito de crear un aprendizaje multisensorial, donde las imágenes y la música intervengan en el contexto de nuestra clase (Foncubierta, 2016).

Dado que en la actualidad el profesor de ELE busca trabajar la competencia comunicativa y desarrollar cada una de las destrezas que la integran (escuchar, hablar, leer y escribir), es importante, primero, planificar una serie de actividades introductorias; luego, actividades de desarrollo que permitan trabajar los contenidos funcionales de la sesión; y, por último, llevar a cabo actividades de refuerzo para poner énfasis en los contenidos aprendidos. Una vez determinados el canal de comunicación (videoconferencia, por lo general), la comunidad virtual (Moodle, Google Classroom, Microsoft Teams, o Skype, Zoom) y la adaptabilidad o posibilidad de compartir recursos didácticos, toma lugar la creación de estrategias adecuadas para llevar a la práctica la unidad didáctica.

Así, por ejemplo, de acuerdo con Cassany (1994), si pretendemos trabajar la expresión oral, podemos plantear actividades basadas en la descripción, la argumentación o el diálogo en parejas, en interacciones “pirámide” (donde cada alumno hace una lista de ideas), o en interacciones juicio (donde la clase se divide en grupos pequeños para expresar opiniones sobre cierto tema y se establecen cargos). Del mismo modo, para desarrollar esta destreza, podemos pedir instrucciones, avisos o recomendaciones, simular llamadas de teléfono, debates, etc.

Con respecto a la expresión escrita, a través de una imagen, podemos potenciar dinámicas narrativas pensadas para alumnos de nivel B1, quienes crearán titulares (imágenes reales de textos periodísticos) o redactarán textos según el estímulo visual (imágenes de cómics, viñetas). En este ámbito, los foros o las wikis favorecen el aprendizaje colaborativo y la interacción entre los estudiantes.

En cuanto a la destreza auditiva, las plataformas virtuales permiten compartir enlaces a vídeos y audios o pódcast con facilidad. Para ello, será necesario contextualizar antes el material y presentar distintos tipos de interacciones, tales como escuchar y dibujar, rellenar huecos y contrastar, cantar en equipos, hacer transcripciones, entre otras actividades.

La comprensión lectora es también una de las destrezas que puede trabajarse sin dificultades en un entorno virtual, practicando vocabulario, ampliando competencias socioculturales y discursivas con el uso de textos personales, profesionales, literarios o públicos.

Según Dolores Coronado (2020), otros canales y estrategias posibles para llevar más allá el aula de español son Youtube, donde los estudiantes de niveles más avanzados pueden crear videotutoriales sobre un tema en particular; Whatsapp, compartiendo juegos como adivinanzas con emoticonos; Padlet, para crear biografías o compartir lecturas; Flipgrid, para interactuar en foros audiovisuales o Instagram, para presentar historias y todo aquello que la imaginación e internet en estos tiempos —donde la virtualidad es lo real— nos ofrecen.