En tiempos en los que se levantan muros físicos y mentales en las fronteras, se da la espalda a los países vecinos, y muchos se esfuerzan en destacar apenas lo que diferencia a los pueblos para justificar la separación, el odio y la insolidaridad, conviene recordar a veces las profundas corrientes subterráneas que comunican los países y las gentes, los antiguos y fuertes vínculos culturales que desmienten los arbitrarios límites políticos y revelan lazos innegables con seres humanos de más allá de las fronteras.

Precisamente en la cultura popular y en la literatura folclórica, donde tanto se ha buceado desde el siglo XIX en busca de los rasgos más auténticos de la “identidad nacional”, encontramos pruebas de estas hondas conexiones entre los pueblos americanos.

Podemos hablar, por ejemplo, del Jukumari, un temible animal con rostro humano (siempre sonriente) que se ha divisado por toda la cordillera andina. Se dice que es una mezcla de hombre y oso, que tiene una fuerza sobrehumana, y que rapta a mujeres para procrear.

Los folclores de Brasil y Paraguay comparten un mismo ser de la mitología guaraní: la gran serpiente de fuego, protectora de las selvas, que en Brasil se conoce como Boitatá y en Paraguay como Mbói Tatá (literalmente, “serpiente de fuego” en guaraní). Además, muy posiblemente, el monstruo paraguayo conocido como Luisón, que se alimenta de cadáveres y se transforma en perro ciertas noches, no sea otra cosa que un lobisón, palabra que proviene del portugués lobisomem, es decir, un hombre lobo, reforzando la confluencia de folclores. Podemos señalar también la conexión entre el Kurupí paraguayo y el Curupira brasileño, ambos protectores del bosque, aunque sus leyendas no se correspondan con exactitud. El pelo rojo del Curupira coincide, sin embargo, con el del duende paraguayo Jasy Jateré, niño rubio o pelirrojo desnudo que también despista con silbidos, como el Curupira, a los que atraviesan el bosque. La figura de Jasy Jateré, por su parte, fue adaptada en Brasil conformando uno de los personajes más populares del folclore de este país: Saci Pererê. Ambos son entidades infantiles semidesnudas, y el pelo rojo de Jacy pudo transformarse en el gorrito colorado de Saci. El personaje brasileño, a diferencia del paraguayo, aparece en los remolinos de hojas, fuma en pipa, y tiene una sola pierna.

Curiosamente, en Colombia se habla de otra entidad sobrenatural que también avanza a la pata coja, con una pierna menos, por los caminos más escondidos: es el fantasma de la Patasola, una mujer que murió desangrada después de que su marido, despechado por la traición de su esposa, le tajara una pierna por la mitad con un machete tras haberle cortado la cabeza a su amante. El alma de la Patasola no descansa, da tremendos aullidos, y puede matar a quien la avista.

De todas formas, el fantasma femenino más famoso de Latinoamérica (más popular aún, pásmense, que la loura do banheiro) es la Llorona, el espectro de una mujer vestida de blanco que llora cerca del agua y se lamenta por sus hijos, a los que ella misma asesinó ahogándolos en una laguna o río. La leyenda de la Llorona es conocidísima en México y en toda Centroamérica, pero también se cuenta en la mayoría de los países de América del Sur. En muchas de las versiones, la Llorona es una indígena que tuvo tres hijos con un conquistador español, a pesar de lo cual este acabó casándose con una dama española, lo que motivó que la indígena matara a sus hijos como venganza.
Estas son solo unas pocas de las muchas leyendas folclóricas que comparten varios países latinoamericanos, algunas de las cuales conocí por primera vez en boca de mis estudiantes. ¿Has oído tú alguna otra leyenda popular latinoamericana? ¡Compártela con nosotros en los comentarios!