Cuando hablamos de mito, nos puede venir de pronto a la cabeza que los mitos no son más que una fuga, una manera de escapar del presente. La visión donjuanesca realiza, muchas veces, el sueño íntimo de esta fuga; no solo de un pueblo específico, sino de la gran mayoría de los pueblos, porque es la personificación del capricho absoluto. Añádase que ese mito ya lleva como largos trescientos años y está cada vez más actual, aunque tengamos hoy una sociedad distinta de aquella en la que vivió nuestro personaje.

Cuando este personaje es visto con un carácter ejemplar para la España católica de todos los tiempos, presenta la función de un popular, que incide directamente sobre la vanidad de la gloria humana –esta vanidad de un mundo globalizado, en que los glorificados están en todos los rincones y también en lo efímero de los placeres carnales–.

Conquistador infatigable e irresistible de mujeres, Don Juan no es, por lo tanto, un tema agotable, pues cada uno de nosotros tiene dentro un Conquistador y Seductor que está dispuesto a superar obstáculos, intemperies, adversidades para lograr el éxito de la conquista, en un mundo inmediatista.

No se imagina uno, hoy, a un Don Juan en una sociedad de mujeres atadas a valores y dogmas trascendentales, en que la virginidad y la vergüenza, el recato, la honestidad, en el sentido clásico, no son valores femeninos primordiales. Tampoco podemos imaginar una sociedad en que la figura masculina no esté vinculada solo a valores, desafíos, honor, virilidad etc. Hoy tenemos a un Don Juan más cerebral, más discursivo, conocedor de su fama. Aún así, el mito sigue seduciéndonos.

Don Juan es uno de los personajes literarios más famosos del mundo; aquel que la literatura ha contemplado en muchos de sus textos, que más escritos ha inspirado, más divergencias ha levantado, más juicios y discusiones ha sugerido. Y todo eso no es por casualidad, sino por la intrínseca necesidad de su ser. Don Juan es, de todos los grandes íconos literarios, el más paradójico, el más desajustado, el más cargado de sutilezas o de matices del puro devaneo.

Creemos que en los momentos actuales el tipo biológico o psicológico de ese personaje abunda con una gran frecuencia, pero desposeído de las circunstancias que le hacían un personaje puntual: un mundo de rejas y conventos, donde la pureza de la mujer estaba guardada por el honor del hombre y la espada del marido; se convierte en un mundo donde las relaciones sexuales son fáciles y el encuentro es, muchas veces, vacío.

En resumen, nos encontramos todos los días ante varios donjuanes que interpretan a su ancestral. En general podemos decir que todos somos su personificación, en cuanto al poder de seducir, al mismo tiempo en que le añadimos nuevos rasgos al mito: sentimentalismo, generosidad, compasión, serenidad, arrepentimiento. Así desempeñaremos nuestro papel de conquistadores en la sociedad actual.

Referencias literarias:

El burlador de Sevilla y convidado de piedra, Tirso de Molina.

Don Juan Tenorio, José Zorrilla.