Bueno, esto es un chiste. Pero no mucho…

Nací y me crié en Madureira, barrio popular de Río de Janeiro, conocido como cuna de la samba porque abriga tres escolas de samba: Império Serrano, Portela y Tradição.

El chiste no es mío. Lo creó mi gran amigo y también profesor de español Renato Vázquez. Siempre que le preguntan de dónde es su español, él contesta: “Del Campo de São Cristóvão”, el lugar de Río donde nació y todavía vive.

Es un chiste, pero no mucho, porque Renato y yo somos brasileños y nuestra lengua 1 es el portugués. Aprendimos español más tarde; Renato un poco en casa, con la familia, y en clases de lengua; yo, solamente en clases. Por lo tanto, el español que hablamos no sería nunca, jamás una de las variedades geolectales del castellano, aunque intentáramos reproducir alguna de ellas. El español que hablamos – y también el que escribimos – tiene marcas muy explícitas de nuestro origen: marcas fonéticas, prosódicas, léxicas, sintácticas, textuales y discusivas. Esto no es poco.

Entonces, ¿hablamos un español “menor” y repleto de “errores”? ¡No! Por más que estudiemos otra lengua, la nuestra es parte de nuestra identidad y siempre va a estar con nosotros y en todo lo que decimos, pensamos o hacemos. ¿Y para qué necesitaría hablar español sin marcas de mi origen? No soy espía en una guerra, soy solamente una profesora; una profesora que habla el español de Brasil.