Cuando se empieza a aprender una lengua extranjera, se suele oír “tienes que pensar en esa lengua”. Me parece que la razón de esa afirmación es que los aprendices tiene la costumbre de llevar a la lengua extranjera construcciones y sentidos propios de su lengua y que, muy a menudo, no forman parte de la lengua que están aprendiendo. Hoy quisiera reflexionar sobre “qué es pensar en una lengua” y “cómo se logra hacerlo”.

Los especialistas en el proceso de adquisición de lenguas segundas (y aquí no quiero meterme en la discusión de qué son lenguas segundas, lenguas extranjeras o lenguas adicionales porque para el proceso cognitivo al cual me referiré es irrelevante la distinción terminológica) una persona sale de un estado inicial (que está constituido por el conocimiento que tiene de su lengua materna) y tiene que llegar a un estado final (que es un tipo de conocimiento semejante al del hablante nativo del otro idioma). El camino que recorre entre el estado inicial y el estado final se llama interlengua.

Durante mucho tiempo, se vio la interlegua como algo negativo. Sin embargo, la interlengua no puede recibir valor positivo o negativo porque es un proceso natural por el que todo aprendiz tiene que pasar.

Y ¿por qué se pasa por la interlengua? Me parece que la respuesta es obvia: una lengua es un producto social que, aunque tengamos una capacidad natural para aprender, sólo se adquiere cuando se está en un ambiente sociocultural que la habla. O sea, aunque la especie humana tiene (y sólo ella la tiene) la capacidad para el lenguaje, si uno no está metido en una sociedad/comunidad lingüística, no aprenderá ninguna lengua.

Si una lengua es un producto social que solo se aprende si se está inmerso en una comunidad sociocultural específica, para que el aprendiz pueda pensar en una lengua tiene que seguir el mismo camino: se requiere mucho contacto con dicha lengua y atención para poder adquirirla y no fosilizar los “errores” consecuentes de las diferencias entre la lengua materna y la segunda lengua.

Pensar en la lengua extranjera es, por lo tanto, algo que se va construyendo a medida que el aprendiz vaya avanzando en el estudio de la lengua extranjera y su aprendizaje. Un aprendiz de nivel básico no puede pensar en la lengua porque no recibió input suficiente para ello. Lo que tiene que hacer es ir practicando mentalmente o como pueda los aspectos lingüísticos que vaya aprendiendo para que vaya avanzando hasta que llegue al nivel avanzado y en un nivel de interlengua más cercano a la lengua extranjera.

Tanto más contacto se tiene con la lengua extranjera  y tanto más se practica, más se desarrollan las habilidades lingüísticas y comunicativas en dicha lengua. Hoy día, con el mundo globalizado, conectado digitalmente y muchas redes sociales, el proceso de aprendizaje de una segunda lengua y su avance se hace mucho más fácil.

Mi recomendación es que se haga uso de todos los recursos que se pueda, que tengan los oídos y los ojos abiertos a cómo hablan los nativos y que se practique lo máximo posible para que el aprendizaje sea eficaz, sabiendo que los errores son naturales y también sirven como herramientas de aprendizaje y teniendo en cuenta que, aunque los nativos son el modelo de lengua, los hablantes extranjeros seguirán hablantes extranjeros y no hay nada equivocado en eso.