Desde el “Curso de Lingüística General” de Ferdnand de Saussure, ya se reconoce que las lenguas son un hecho social (Y el más fanático de los generativos no lo podrá negar. Lo que sí hará es decir que la lengua es un hecho social pero también biológico y mental). Como un hecho social, las lenguas están estrechamente ligadas a la cultura y a la historia de las comunidades que las hablan.

La célebre frase que Antonio de Nebrija presenta en su Gramática Castellana de 1492 Nebrija (p.1), “siempre la lengua fue compañera del império”, deja evidente la relación entre lengua y estado/nación. Pero aquí se requiere una reflexión sobre cuál era la lengua del estado/la nación. La lengua a la que Nebrija se refería era una lengua cristalizada y artificial, la lengua de los documentos, cuando mucho, la de la corte en ocasiones formales. Esa lengua no representaba a todo el pueblo que la hablaba.

Si traemos la discusión para un momento más reciente y pensamos en la realidad lingüística del español actual, nos queda evidente que se habla el español en una gran extensión territorial. Pero hemos de observar que cada región tiene su propia historia y su relación individual con la lengua española aunque haya una lengua artificial oficial que intenta dar un carácter de unidad cultural y lingüística hispánica a esos espacios.

María Beatriz Fontanella de Weinberg en su libro “El español de América” define el español americano como “el conjunto de variedades dialectales del español habladas en América, que comparten una historia común por tratarse de una lengua trasplantada a partir del proceso de conquista y colonización del territorio americano. Esto no implica desconocer el carácter complejo y variado de este proceso y sus repercusiones lingüísticas” (Fontanella de Weinberg, 1993, p. 15).

La definición de Fontanella de Weinberg pone de relieve que, aunque la lengua española en la perspectiva sociopolítica se extiende por una amplia área geográfica, la lengua española real, hecho social, es muy diversificada, múltiple y tiene muchas realidades dado que la historia y la cultura del llamado mundo hispánico no es una. Es todo lo contrario: diversa.

Si queremos llevar la cultura que una lengua vehicula a las clases de lengua, no podemos detenernos en la lengua artificial oficial sociopolítica, ignorando la lengua “hecho social”. La lengua hecho social no se deja domar ni dominar. La lengua hecho social es viva, diversa, autónoma y se relaciona íntimamente con las comunidades que las hablan, adaptándolas, ajustándolas, cambiándolas.

El español hecho social y cultural es, en realidad, muchas lenguas, vivas y dinámicas, que están ligadas a las múltiples realidades sociales, culturales e históricas de los pueblos que, de manera muy cruel y violenta la adquirieron en los diferentes procesos de expansión lingüística y colonización. Y como me gusta decir: ese proceso también ha sido cruel en España misma, aunque la historia hegemónica no lo quiera asumir.